ASPECTOS PSICOLÓGICOS DEL CONSUMO DE DROGAS EN EL ÁMBITO ESCOLAR 

Psic. Ana Castro


Educación, clave para la prevención del consumo de drogas

Las intervenciones en prevención han ido variando debido al cambio de las condiciones de consumo y al fruto de la experiencia de las propias intervenciones preventivas.

Uno de los modelos, al que se va a hacer referencia, sobre Factores de Riesgo y Factores de Protección, tiene importantes implicaciones prácticas en el ámbito de la reducción de la demanda de drogas. Se entiende por factores de protección aquellas circunstancias personales, interpersonales y ambientales que disminuyen la posibilidad de que se presente un problema. Apoyan o favorecen el pleno desarrollo del individuo, orientados hacia estilos de vida saludables y sirven como amortiguadores o moderadores de los factores de riesgo. Factores de riesgo son aquellos que incrementan la probabilidad de un consumo problemático o no deseable. No son factores causales, sino potencialmente influyentes o favorecedores de mayor vulnerabilidad ante el consumo.

La categorización de factores de riesgo y de protección no deja de ser algo relativo: sirve, globalmente, para categorizar e instrumentalizar la intervención, pero resulta relativa, porque tiene que ver con un aspecto básico de la propia evolución del individuo y de los grupos.

Así, un factor de riesgo lo puede ser en una situación concreta de la vida de una persona, pero en otra circunstancia puede que no sea un riesgo, sino una protección; o lo que es lo mismo, en un determinado grupo ciertos comportamientos pueden ser protectores y en otro de riesgo.

Dada, la imposibilidad de la conexión directa y explícita entre causa y efecto del origen de los problemas de drogas, la realidad de un mercado de consumo de drogas donde la oferta varía en el tiempo según las corrientes de la demanda, y la necesidad de formar al individuo en aspectos psicorrelacionales, se desemboca en un planteamiento único, el cual debe realizarse a través de procesos de desarrollo educativo que busquen propiciar la madurez de los individuos y los grupos.

Se aboga por un enfoque educativo de la prevención; en otras palabras, se apuesta a la educación como un proceso intencional que pretende mejorar a los sujetos y que ejerce su influencia a lo largo de todo el ciclo vital y en todos los contextos. Cuanto más formadas estén las personas, más posibilidades tendrán de manejarse satisfactoriamente en las distintas situaciones que entraña vivir en una sociedad cada vez más compleja. Este planteamiento, “Educar para la Vida”, tan genérico y concreto al mismo tiempo, es la propuesta fundamental de la intervención preventiva; propuesta que se articula de forma singular según el espacio donde se desarrolle la acción. La intervención preventiva desde el modelo educativo contempla todas las esferas educativas y todos los ámbitos posibles donde se concreta la acción de educar. Por lo cual comprende la educación reglada (ámbito escolar); la educación no reglada (ámbitos asociativo, laboral y de ocio) y educación informal (ámbito familiar). Un programa de prevención escolar deberá intensificar el trabajo sobre aquellos factores relacionados con el consumo de drogas que le son más propios y, al mismo tiempo, establecer los nexos necesarios con los ámbitos familiar y comunitario que le permitan desarrollar una acción conjunta. Junto a las acciones destinadas a minimizar la influencia de los factores de riesgo, los programas de prevención deben maximizar la influencia de los factores de protección correspondientes. El desarrollo de la competencia individual para la interacción, la promoción de un clima familiar de afecto y valoración, el desarrollo de los valores, la implicación en actividades escolares o comunitarias, son todos ellos, factores que contribuyen a proteger a los individuos ante la posible influencia negativa de los factores de riesgo.


Objetivos prioritarios para cada ámbito de intervención

En el ámbito escolar

  • Aumentar la autoestima
  • Desarrollar la capacidad de empatía como base para el desarrollo afectivo, la competencia interpersonal y las actitudes prosociales
  • Aumentar la capacidad de autoexpresión emocional
  • Desarrollar actitudes positivas para la salud y contrarias al consumo de drogas
  • Mejorar el autocontrol
  • Desarrollar habilidades para tomar decisiones
  • Desarrollar habilidades para relacionarse con otros y oponerse a sus deseos cuando sea necesario, aumentando así la competencia individual para la interacción
  • Mejorar la autoafirmación


En el ámbito familiar

  • Desarrollar estilos educativos familiares adecuados como medio para mejorar el autocontrol y las habilidades para la toma de decisiones
  • Desarrollar la competencia individual para la interacción con otras personas, especialmente con los iguales
  • Establecer un clima familiar de valoración y seguridad afectiva como base para aumentar la autoestima
  • Favorecer la participación conjunta de padres e hijos en actividades diversas de empleo del tiempo libre
  • Promover la intervención de los padres como modelos adecuados de ocio saludable
  • Crear hábitos saludables para favorecer el establecimiento de normas subjetivas contrarias al consumo de drogas y una adecuada valoración de la salud
  • Fomentar el desarrollo de otros valores afines a los objetivos preventivos (respeto por los demás y por uno mismo, amistad, cooperación, generosidad, conocimiento, etc.)


En el ámbito comunitario

  • Promover la participación comunitaria para desarrollar habilidades sociales y actitudes prosociales
  • Facilitar el acceso a alternativas saludables de tiempo libre, incluyendo aquellas que permitan una canalización adecuada de la búsqueda de sensaciones, con el fin de aumentar la satisfacción en el empleo del tiempo libre.
  • Facilitar el establecimiento de relaciones interpersonales diversas en torno a intereses no relacionados con el consumo de drogas para reducir la presión social hacia el consumo, especialmente la procedente de los iguales, y favorecer la creación de normas subjetivas contrarias a dicho consumo.
A partir de la necesidad de intervenir sobre los factores de riesgo señalados y de promocionar las capacidades cognitivas, conductuales y socioemocionales que se consideran básicas para la prevención del consumo de drogas, puede elaborarse una relación de variables a modificar por el programa de prevención escolar.


Variables a modificar en el ámbito escolar

Al hablar de las variables a modificar, no debe olvidarse el carácter global e indivisible del educando. No es posible aislar la acción sobre determinadas variables sin influir en la totalidad del individuo, y el trabajo debe ser percibido por el alumno como parte de una misma acción educativa.


Autoestima

El autoconcepto resulta ser una elaboración cognitiva del sujeto que se desarrolla a partir de la interacción con el medio social. Contiene la percepción de uno mismo, abarcando lo que se es, lo que se tiene y lo que se es capaz de hacer. La autoestima se revela como la valoración, positiva o negativa, de ese autoconcepto. Los individuos que tienen una pobre valoración de si mismo y de sus capacidades, dependen más del reconocimiento de los demás y, para conseguirlo, son más proclives a plegarse a las demandas de otras personas. Ello supone un claro factor de riesgo con relación al consumo de drogas, ya que reduce la probabilidad de enfrentamiento a la presión hacia el consumo procedente de los iguales o de la publicidad. Las personas con elevada autoestima tienden a considerar que son merecedoras del respeto y la consideración de los demás, independientemente de que su conducta se ajuste o no a los deseos de los otros. Además, tienden a considerarse más autoeficaces, entendiendo que la posibilidad de negarse a la presión hacia el consumo de drogas es realmente una alternativa de conducta que está bajo su control, independientemente de las circunstancias en que se produzca.


Actitudes hacia el consumo de drogas

Las actitudes pueden interpretarse como predisposiciones relativamente estables, a actuar de determinada manera respecto a un objeto, en este caso drogas, incluyendo los siguientes elementos:
  • Cognitivos: el conjunto de creencias, convicciones, expectativas, del individuo en relación con las drogas
  • Afectivos: sentimientos positivos o negativos que experimenta el individuo respecto a las drogas y a todas la realidades asociadas a ellas. Se relacionan con las necesidades básicas y son los que proporcionan a la actitud su gran resistencia al cambio y su carácter motivacional.
  • Comportamentales: tendencia a comportarse de una determinada forma en relación a las drogas.

Las actitudes hacia las drogas tienen un carácter más o menos estable y permanente, y pueden ser muy resistentes al cambio. Sin embargo, son de carácter aprendido y por tanto, modificables a través de programas de prevención adecuados. Por ello, las intervenciones deben incluir información sobre las drogas, pero ésta no constituye el eje central de la intervención, sino que se debe orientar a la detección y modificación de las convicciones erróneas del alumno que puedan servir de base a actitudes positivas hacia las drogas. Igualmente, es necesario prestar atención a las posibles expectativas positivas del sujeto en cuanto a las consecuencias derivadas de su consumo.


Actitudes hacia la salud

Las actitudes son transferibles, por tanto el desarrollo de actitudes positivas hacia la salud es un medio adecuado para la prevención del consumo de drogas, ya que es más fácil el desarrollo de actitudes de aproximación hacia un bien deseable (la salud) que el desarrollo de actitudes negativas hacia las drogas. Una actitud favorable hacia la higiene, hacia una alimentación equilibrada, hacia la prevención de enfermedades, hacia el deporte, etc., puede afectar a otras conductas también relacionadas con la salud como es el consumo de drogas.


Autocontrol

Capacidad de responder decidiendo, eligiendo la propia respuesta, frente a la conducta impulsiva que revela carencia de respuesta intelectual de valoración de la situación y de decisión, orientada hacia alternativas socialmente aceptadas. La capacidad de inhibir los impulsos y de posponer la gratificación inmediata, en función de otra gratificación posterior, es esencial para que las estrategias de toma de decisiones puedan repercutir positivamente sobre la conducta. Un escaso autocontrol supone un claro factor de riesgo en la medida en que facilita la búsqueda de la sensación inmediata. Puede dar lugar a su vez, a problemas intelectuales, emocionales y sociales, como retrasos en el rendimiento, desmotivación, desconexión con los iguales.


Habilidades para la toma de decisiones

Capacidad de tomar decisiones autónomas y responsables, asumiendo las consecuencias. Ello redundará en la toma de decisiones responsables en relación al consumo de drogas o conductas vinculadas a estas sustancias. La toma de decisiones reflexivas contribuye a su vez, a lograr individuos más competentes, con mayor sentimiento de eficacia, de control sobre su conducta y mayor autoestima.


Habilidades para la interacción social

Las habilidades sociales repercuten en la relación del niño con los otros, como también en la forma en que asimila las normas y roles sociales. Los sujetos con dificultades para la interacción social, reciben a menudo etiquetas descalificadoras de sus iguales y encuentran como única vía para alcanzar el prestigio ante los demás, el comportamiento contrario a las normas, facilitando su progresiva marginación y disminución de su autoestima. Bajo el título genérico de habilidades sociales se incluyen las habilidades para interactuar en grupo, hacer amigos, pedir favores, hacer y aceptar cumplidos, preguntar el porqué de las cosas, establecer y terminar conversaciones, etc.


Habilidades de oposición

Capacidad de oponerse asertivamente a las demandas, influencias o manipulaciones de otras personas para hacer algo, sin crear conflictos innecesarios y sin poner en peligro las relaciones con los demás.


Habilidades de autoafirmación

Habilidades sociales que facilitan la defensa asertiva de las propias convicciones y de las propias opciones de conducta. Incluyen por tanto, habilidad para hacer y recibir críticas, hacer peticiones de cambios de conducta, defender los propios derechos, etc. Contribuyen al proceso de construcción de la propia identidad, e implican clarificación de gustos y aficiones, valores y opiniones, etc., de gran importancia en relación al consumo de drogas.


Capacidad de autoexpresión emocional

Capacidad de exteriorizar emociones, que requiere mejorar la capacidad de identificar y asumir los propios sentimientos, así como el aprendizaje de la comunicación como vía para verbalizar y compartir sus emociones. La falta de esta capacidad sobre todo en los primeros años, dificulta la interacción, en la medida en que lleva a los niños a trasmitir una imagen de frialdad y distancia escasamente atractiva, facilitando el aislamiento social y la automarginación.


Capacidad de empatía

Capacidad de percibir y comprender los pensamientos y sentimientos de los demás. Incide en el desarrollo afectivo y permite el desarrollo de la sensibilidad social, de la competencia para las relaciones interpersonales y de actitudes y comportamientos prosociales. También facilita la detección temprana de los intentos de manipulación, facilitando la respuesta asertiva.

Pasando ahora a ampliar sobre los factores de riesgo, es importante que quede claro que los mismos no son causas que automáticamente desencadenen problemas relacionados con el uso indebido de drogas. Aislados no significan nada. Una persona se encuentra en una situación de riesgo cuando en ella confluyen uno ó varios factores de distinta índole: un determinado ambiente educativo, determinadas situaciones sociales, determinados modos de relacionarse con determinados grupos, ciertas características personales y familiares. Y ni siquiera en estos casos podemos asegurar que alguien va a tener problemas con las drogas: tan sólo que corre un mayor riesgo de tenerlos.

Para una mejor comprensión, se pueden distinguir factores de riesgo provenientes del medio educativo, de las características personales, del modo de relacionamiento del sujeto con el grupo, de la familia y de los determinantes socio-culturales.

Esta división es simplemente expositiva; no pueden entenderse las características personales sin considerar la influencia de la familia, la escuela o del grupo de iguales. Ni podemos hablar de los grupos sin referirnos a las señas de identidad o los valores imperantes en la sociedad, etc.

Como factores de riesgo escolares se pueden señalar: mala adaptación escolar o escasa integración; insatisfacción; ausencia de motivación y falta de expectativas; bajo rendimiento. Estos factores se consideran de riesgo porque hacen que los alumnos necesiten buscar fuera de la escuela (normalmente en el seno de su grupo de iguales) las satisfacciones, motivaciones, el reconocimiento, etc. que no encuentran en el medio escolar. También, porque influyen negativamente en la construcción de la personalidad (pueden entorpecer el desarrollo de la autoestima, generar ansiedad, etc.). En los alumnos se manifestarán a través de: comportamientos inhibidos; pasar desapercibidos a sus profesores y compañeros; no trastornar el orden de la clase ni perjudicar el desarrollo del trabajo docente; timidez, inseguridad, no integración en el grupo; o por el contrario, comportamientos excesivos, inquietud, nerviosismo, necesidad de hacerse notar, promoción de desorden en clase, participación escasa en las actividades escolares y extraescolares y descreimiento sobre el valor de los estudios. Como sugerencias posibles para intervenir en estos factores desde el centro educativo, se pueden mencionar entre otras: otorgar mayor importancia a los aciertos que a los errores; reconvertir preguntas o comentarios poco acertados de modo que el alumno sienta son provechosos para el grupo; coevaluación entre alumnos y autoevaluación; trasmitir qué se espera de ellos y en qué grado lo van consiguiendo. Por otra parte, determinadas características personales pueden incrementar el riesgo de tener problemas con las drogas, y las llamaremos factores de riesgo individuales.

Entre dichos factores se pueden mencionar: baja autoestima; poca tolerancia a la frustración; falta de autonomía; falta de responsabilidad; dificultad para manejar la ansiedad; escaso sentido crítico; determinados sistemas de valores; dificultad para resolver conflictos; dificultad en la toma de decisiones.

Algunas sugerencias para intervenir en este caso, serían: ayudar a encontrar lo positivo de los fracasos. Darles responsabilidades hasta donde sean capaces en trabajos grupales. Valorar también capacidades que no tienen que ver con lo escolar. Evitar comparaciones con compañeros. Ayudarles a no sentir como propios fracasos que obedezcan a causas ajenas a ellos mismos. No guiar totalmente su trabajo sino supervisar. Establecer normas flexibles que permitan cierta autonomía. No tomar decisiones que les corresponden a ellos. Crear un clima que permita expresar libremente las ideas. Fomentar que se pronuncien sobre el discurso del profesor. Asignarles papel de portavoces en debates organizados. Reforzar sus manifestaciones críticas cuando sean acertadas. En los debates, no prestar tanta atención a lo que piensan sino al hecho de que sean capaces de expresarlo, alentándoles a que defiendan sus opiniones, escuchen a los otros y razonen lógicamente. Mostrar valores alternativos que resalten el valor del futuro frente a sobre valoración del presente, la importancia de valores morales, el compromiso ideológico y social, etc. Favorecer que den contenido ético, solidario y social a sus conductas. Valorar el futuro proporcionándoles tareas que requieran el paso del tiempo para producir resultados. Promover la aceptación de problemas en vez de ignorarlos. Trabajar en los pasos para resolución de problemas. Incluirlos en grupos en los que los compañeros no les permitan ser indiferentes ante la toma de decisiones. En otro orden, aparecen factores de riesgo propios de la relación del individuo con el grupo, entre los que se encuentran: debilidad frente a la presión del grupo; excesiva dependencia del grupo; determinadas posiciones en el grupo (liderazgos, posiciones secundarias); señas de identidad grupales favorecedoras del consumo. Como sugerencia fundamental para trabajar en estos factores, aparece el desplazar de posiciones de riesgo a aquellos alumnos que se encuentren en ellas. Si ocupan un lugar relegado, asignarles papeles protagónicos en trabajos grupales, trabajar factores de riesgo individuales, incluirles en grupos amigables. Si ocupan un lugar de liderazgo, asociar sus características de líder a actividades alternativas al consumo, si no es posible ello, desactivar su papel de líder. Promover a su vez en lo grupal, señas de identidad alternativas al consumo de drogas. Es posible distinguir luego, factores de riesgo familiares, entre ellos: sobreprotección; falta de comunicación; dificultad para fijar límites; situaciones familiares conflictivas; excesivo consumo de drogas por parte de los padres; sobre exigencia; no fomentar la autonomía. Para intervenir en estos factores desde el centro, la acción fundamental radica en promover una integración familia-escuela eficaz, mediante la implicación de todos en la tarea educativa. Por último, como factores de riesgo socio-culturales se distinguen: concepción actual del ocio; sistema de valores dominantes (presentismo, predominio de lo estético frente a lo ético, hedonismo excesivo, consumismo); y la publicidad. El ocio es frecuentemente concebido como “desconexión”, como un tiempo vacío, pobre en actividades enriquecedoras. En algunos entornos existe una falta real de alternativas al ocio de carácter consumista y ligado al consumo de alcohol. En ocasiones, cuando estas alternativas existen, encontramos en los más jóvenes (pero no solo en éstos) una escasa disposición a utilizarlas. Dicha concepción actual del ocio, es coherente con las nuevas pautas de consumo de drogas, en las cuales éste se incrementa en los fines de semana y las épocas vacacionales, e incluso hay muchas personas que solo consumen, aunque de un modo compulsivo, en estos períodos. La ocupación del tiempo libre en actividades que giran en torno al consumo de alcohol es habitual entre adultos. Los adolescentes, imitándolos, no hacen sino entrenarse para ser “mayores”. Promover actitudes diferentes frente a la utilización del tiempo libre, desvelar los mecanismos de persuasión de la publicidad y promover valores alternativos, aparecen como las acciones más adecuadas para intervenir en estos factores.


LA ESCUELA - EL CLIMA ESCOLAR Educar es más que informar o instruir. Los profesores además de “transmisores de conocimientos” son agentes socializadores.

Las interacciones que se producen en el medio escolar, los códigos de disciplina, los valores implícitos en la acción educativa, las pautas prevalentes de conducta, es decir, el ambiente que se vive y se respira son importantes en el desarrollo de la educación y en la prevención de los problemas relacionados con el uso indebido de drogas, ya que el clima escolar no sólo afecta a los resultados académicos del alumno sino también a lo afectivo, a sus valores, a su desarrollo personal, etc.

El estilo educativo del centro es, por tanto, el primer elemento que debe considerarse en la prevención escolar, ya que puede funcionar tanto como factor de riesgo como de protección. Aquí se habla entonces del curriculum latente, que trasmite valores y actitudes y deriva directamente de la sociedad, y que junto con el curriculum manifiesto compuesto por los contenidos académicos, conforman las dos currícula que aprenden los estudiantes. Por lo general el curriculum manifiesto no ayuda mucho a tomar decisiones vitales como es la de consumir o no drogas. El curriculum latente entraña si el peligro del consumo, porque si tiende a inculcar en los jóvenes, la idea de que el valor más elevado en nuestra sociedad es el valor utilitario, reduce al ser humano a un instrumento. Si el “valor” es ser útil, esto se puede conseguir también con la droga, que “ayuda a funcionar, a vivir”, desvalorizando muchas veces el sentido crítico. A decir de Paulo Freire, los centros educativos se han reducido a trasmitir la “cultura del silencio”, en la que el alumno poco tiene que decir, introduciendo contenidos que no logra transformar en ideología ni en cultura personal ni grupal. Siguiendo la línea de Makarenko, el tema básico de la educación debe ser el tema del poder personal, como núcleo fundamental de la persona, que da vida y sentido a todo lo que hace. La valoración y desarrollo de lo positivo debe llevar a la conquista del poder personal, entendido como fuerza del yo, como posibilidad de afrontar lo difícil, de elegir y decidir, de ser autónomo, etc. Se trata así de una educación participativa como metodología en la prevención contra las drogas. El mensaje fundamental es aprender a vivir, a amar la vida, a configurar un proyecto de vida sin drogas, sobre la base de buscar desarrollar lo positivo que tiene cualquier persona, lo cual eliminará poco a poco las motivaciones que llevan al consumo problemático.


Fuentes bibliográficas:
  • Baldivieso, L.: ¿Bajo qué condiciones la educación es preventiva?. CESE. Bolivia, 2003
  • Delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas: Actuar es Posible. España, 1996
  • Universidad de Barcelona: Prevención del Consumo de Drogas en el Ámbito Escolar, Barcelona, 2002

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