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2004/SET/09
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DELITOS Y ADOLESCENCIA
La 'amenaza juvenil'
Existe en la región un persistente miedo social que refuerza la imagen criminalizada de los jóvenes. BRECHA conversó con François Marty y François Pommier, dos psicoanalistas franceses,* sobre la delincuencia en los adolescentes y su impacto en la sociedad.
María Esther Gilio
-¿Qué dice la historia sobre los adolescentes y la delincuencia en el pasado?
François Marty (FM) -Este no es un tema nuevo. Siempre existió.
-Si echamos una ojeada a las obras de Shakespeare podremos ver a los jóvenes siempre con la espada en la mano, dispuestos a matar a alguien. Aunque no sé, tal vez ahí no se pueda hablar de delito.
FM-Allí más que delito vemos la búsqueda del límite. Algo que es propio del joven.
François Pommier (FP) -La adolescencia no cambió de fondo, cambió más bien su forma. Siempre los adolescentes cometieron delitos. No se trata de algo nuevo.
-Hoy, por los menos en estos países del Tercer Mundo, el delito de los jóvenes aparece casi exclusivamente vinculado a la marginalidad. ¿Esto puede llevarnos a la conclusión de que si cambiara la situación económica desaparecería el problema?
FM -Creo que este es un tema muy complicado. Es posible observar que, efectivamente, la mayor delincuencia se da en los medios más carenciados, pero no es seguro que bastaría con mejorar las condiciones económicas para obtener efectos sustantivos en las conductas delictivas.
-Creo que en algún sentido se confirma lo que usted dice si pensamos en los skin heads, los cuales aparecen sobre todo en los países de buena situación económica. En esas sociedades no es el hambre ni la exclusión lo que mueve a estos jóvenes al delito.
FP -Creo que en este caso lo que mueve a los jóvenes no es algo vinculado a la delincuencia sino a la violencia.
-¿Qué es lo que permite establecer esta diferencia?
FM -La ideología que hay detrás de los skin head. Lo que mueve a estos jóvenes es su ideología. Sus ideales racistas. En el delincuente no hay ideología, reacciona en función de sus pulsiones.
-¿Cuáles serían las otras circunstancias que añadiéndose a las económicas pueden llevar al adolescente a optar por el delito?
FP -Creo que es un error reducir el tema de la delincuencia a las cuestiones socioeconómicas. Ellas seguramente constituyen un contexto favorable para la aparición de la delincuencia, pero no son determinantes. Y si lo son, sólo será en forma marginal. Porque incluso en sociedades relativamente desarrolladas se puede comprobar este tipo de delincuencia.
-¿Cómo experimenta el adolescente la indiferencia que muestra la sociedad por su suerte? ¿Pesa esta indiferencia en su conducta?
FP -Todo depende de si planteamos el tema de la indiferencia como una hipótesis. Porque también podríamos considerar que los adultos quieren seguir siendo adolescentes tanto tiempo como les sea posible y ellos mismos tienen dificultad para integrar a los adolescentes y para apoyarlos.
-Justamente, esa es la pregunta, ¿cómo vive el adolescente esa indiferencia del adulto?
FM -El adolescente al carecer de puntos de referencia busca orientarse hacia objetos culturales, que son cada vez más numerosos por el hecho mismo de la globalización.
-¿La música sería un ejemplo?
FM -Sí, la música, los videos, la computadora. No hay, forzosamente, un juego que favorezca el contacto directo con el otro. Esto refuerza el aislamiento, la soledad del adolescente. Lo cual, claro, no significa que los juegos de video favorezcan la delincuencia.
-No, por supuesto. ¿Cuánto pesa en esta caída en el delito la relación con la familia?
FP -Pesa mucho. En circunstancias económicas y sociales idénticas algunos adolescentes se convertirán en delincuentes y otros no. En función, justamente, de la calidad de la educación y de las relaciones con los padres.
-Podemos decir, entonces, que la situación que margina es importante pero no decisiva. De cualquier manera no es frecuente el delito entre los adolescentes que pertenecen a las clases acomodadas.
FP -No es frecuente pero se da sobre todo vinculado a las drogas. Las drogas deciden conductas delictivas tanto en los excluidos como en los integrados. Las exigencias de las drogas son altas. El delito es la salida para muchos, aun cuando pertenezcan a familias sin problemas económicos. Y por supuesto más aun para los que pertenecen a las clases más desposeídas. En Francia, y en Europa en general, una parte de la delincuencia -no sólo de los adolescentes- se vincula con el consumo de tóxicos. El drogadicto para procurarse lo que necesita puede asaltar una farmacia o agredir a alguien en la calle a fin de robarle la cartera.
-¿Cómo describiría al adolescente una vez que empieza a delinquir? Me refiero, por supuesto, a aquellos datos que son casi infaltables, que se repiten.
FP -Pienso que en el universo psíquico del adolescente delincuente existe el principio de que tiene el derecho de tomar lo que debería haber recibido y no recibió.
-Resulta bastante lógico que piense en eso. Como ha hecho notar Marcelo Viñar, "lo que era mito de esperanza hoy es aura de inquietud apocalíptica".
FM -Las grandes ideologías del siglo XX han muerto. El marxismo, el capitalismo…
-¿El capitalismo? El capitalismo no murió.
FM -El viejo capitalismo murió, ha sido desplazado por el capitalismo salvaje.
-¿Entonces?
FM -Los adolescentes necesitan creer en algo.
-Pero como dijo uno de los nuevos filósofos franceses: "Marx ha muerto y Dios goza de poca salud".
FP -Ya se cuenta poco con la religión; se sigue, sí, contando con las primeras experiencias amorosas, las cuales suelen ser portadoras de una gran esperanza. No podemos olvidar que el futuro de nuestra sociedad está en los adolescentes. Hay que ayudarlos a que se conviertan en adultos. Debemos entender cuán necesaria es nuestra ayuda para que esto ocurra.
-Hay algo de lo que se habla poco y me parece muy definitivo para juzgar la conducta de los adolescentes que cometen delitos. Estos en su mayoría son cometidos por los jóvenes marginados, jóvenes que carecen de todo. ¿Qué razones podrían tener para respetar las reglas que establece la sociedad que los ha excluido?
FM -Si encerrar, excluir y castigar no van sostenidos por la preocupación de reinsertar y acompañar, sólo refuerzan el comportamiento antisocial.
-¿Cómo ve usted ese permanente reclamo por bajar la edad de imputabilidad, medida en la que muchos ven la gran solución? El argentino Juan Carlos Blumberg, a partir de la muerte de su hijo secuestrado, consiguió reunir en Buenos Aires miles de personas reclamando por seguridad, y lo primero que pidió fue "bajar la edad penal". Pero este pedido también lo formulan miembros de los parlamentos del Mercosur.
FP -Es un absurdo y una monstruosidad. También hay que decir, con respecto a la exclusión, que es descalificadora. Aunque la exclusión no es siempre en sí misma descalificante. En la historia hay ejemplos de esto. En el momento en que Pinel decidió poner a los enfermos mentales en los hospitales, no fue sólo para proteger a la sociedad, sino también para protegerlos a ellos. O sea que esta fue una exclusión protectora y no descalificadora.
-Tanto aquí como en Argentina el delito cometido por jóvenes produce más miedo. Las personas quedan más desorientadas que frente al delito cometido por adultos. ¿Cuál sería la explicación?
FP -En muchas sociedades sudamericanas cuando las estructuras sociales se vienen abajo el potencial de energía que representan los jóvenes se vive como algo amenazador. Son los adultos quienes se han desmoronado. Ellos son quienes proyectan en los jóvenes sus propias impotencias, sus fracasos.
-La frase "el asaltante tenía 15 años" deja al adulto paralizado.
FM -¿Por qué? La pregunta no es sencilla. Tal vez porque ellos representan la vida, representan la fuerza.
-Creo que el adulto se asusta ante lo que siente como una pérdida de su capacidad de formar, de guiar.
FM -Y sobre todo de controlar. El acto delictivo es el mayor signo del fracaso del adulto para controlar a los jóvenes. O sea que el lobo está en el corral. Sin embargo hay cosas que pueden ganarse por esa vía. Tal vez haya una pérdida de poder, pero no necesariamente una pérdida de autoridad, y más particularmente de la autoridad paterna. Anni Birraux decía que el pater familia ha perdido, de alguna manera, todo su poder, su posibilidad de controlar, pero en eso hay algo bueno, algo favorable.
-No sé… estamos aquí hablando y sin embargo no creo que los psicólogos puedan hacer mucho para que este fenómeno cambie. Los que pueden mejorar las cosas no escuchan. Prefieren castigar.
FM -A través del trabajo de los periodistas podrían darse cambios. ¿No cree que el periodismo puede ayudar a concientizar a los poderes públicos?
FP -Y otra cosa, este trabajo de reflexión que ahora estamos haciendo no debe abandonarse. Hay que insistir en él, en su renovación constante.
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* Ambos especialistas participaron en el coloquio "Pensar los adolescentes. En la frontera entre lo psíquico y lo social", realizado en Montevideo entre el 1 y el 3 de setiembre. El encuentro fue organizado por el Collège International de L'adolescence, Lavoratoire de Psychologie Clinique et de Psicopathologie (Université París V), la Clínica de Psiquiatría de la Infancia y la Adolescencia, Facultad de Medicina, Universidad de la República y Centro Hospitalario Pereira Rossell, y contó con el apoyo de la embajada de Francia. |