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2005/JUL/17 -
LA PASTA BASE EN URUGUAY
Un viaje hacia el fondo del pozo
El consumo de esta droga desbordó todas las previsiones sociales, policiales y sanitarias
POR ELISA LIEBER ESPECIAL PARA EL OBSERVADOR
La pasta base de cocaína es el mal del momento. Quienes la consumen se
consumen en muy poco tiempo. Tras fumarla, su efecto es inmediato, pero su
caída también. Este subibaja entre euforia y disforia genera una necesidad
constante de consumirla, de borrar la depresión, la persecución y los deseos
de autoeliminación generados en los momentos de abstinencia. Aunque su
precio inicial es bajo, la insaciabilidad de los usuarios convierte su venta
en un negocio muy redituable. Tanto que los uruguayos se están convirtiendo
en mulas, es decir, en traficantes que tragan la droga para ingresarla en
sus intestinos.
Alambre. Juan Pablo llegó a gastar US$ 200 por día en pasta base. "Le sacaba
plata a mis padres de la caja del negocio, gastaba todo lo que ganaba y
vendía hasta lo que tenía puesto. No llegué a robar porque no tenía
necesidad, pero lo hubiese hecho sin problema. Durante todo el día, lo único
en lo que pensaba era en consumir". Juan Pablo tiene 25 años, adelgazó 10
kilos desde que comenzó a comprar pasta base, se separó de su novia y se
alejó de sus amigos para fumar sin necesidad de compartir.
"Lo peor fue verme al espejo, estaba hecho un alambre. Además, después se me
vino todo arriba, tenía pila de cargo de conciencia, hasta tenía ganas de
suicidarme. pero en el momento de consumir no me importaba nada. Lo peor es
que al final ni siquiera me daba placer", dijo.
Pablo relató que comenzó a consumir cocaína y marihuana porque no tenía límites en su casa, pero fue la
pasta base la que finalmente lo destruyó.
La culpa. Juan Pablo es uno de los tantos uruguayos adictos a la pasta base
de cocaína, la droga del momento. Los medios cada vez le dedican más
espacios a esta sustancia que parece haber puesto fin a una etapa en el
consumo de sustancias psicoactivas en el país para ingresar en otra signada
por la violencia.
"¿La culpa de todo la tiene la pasta base o la sociedad que la consume?
Hablamos de maldita pasta base, pero estamos hablando de nosotros, de
personas capaces de consumir algo tan, pero tan dañino, que en Europa y
Estados Unidos ni siquiera lo aceptan. Detrás de la droga se esconde la
nueva sociedad uruguaya", advirtió Milton Romani, presidente de la Junta
Nacional de Drogas.
Para Romani, lo llamativo no es que se consuma pasta base, es que los
jóvenes le roben hasta a sus padres para comprarla cuando ellos mismos saben
que es "un veneno".
La pasta base es un producto previo a la cocaína y surge a partir de
diversos procesos en los cuales las hojas de coca maceradas -antes
desechadas- son mezcladas con solventes, como kerosene, parafina, bencina,
éter, ácido sulfúrico y amoníaco.
"Es extremadamente tóxica debido a las impurezas y contaminantes que
contiene (ácidos, sustancias corrosivas, solventes), a lo que se suman los
productos secundarios de la combustión (alquitrán, monóxido de carbono, etc)", según la publicación del instituto IDES titulada "No te enganchés
con la lata".
Para Romani, lo más impresionante es el gran impacto social que tuvo esta
droga. "Acá hay un fenómeno que no se da en otros países con gran tradición
de consumo y producción de drogas, como Bolivia y Perú. Acá hubo una
irrupción social, al igual que en Argentina. Esto se da en una sociedad que
estaba acostumbrada a un horizonte de bienestar social. Acá se generó un
quiebre, una imposibilidad de ver una salida. Un quiero todo y lo quiero ya", agregó el presidente de la Junta, según el cual la pasta base es un "mata
pobre", ya que para este sector es más difícil encontrar una salida.
Barata pero cara. Los padres de Juan Pablo llegaron a mudarse para no estar
cerca de las "bocas" de distribución de pasta base. "Yo tengo auto, me
escapaba de mi casa y me quedaba sin nafta. Lo dejaba parado en cualquier
lugar a las cuatro de la mañana y me iba como sea a los lugares de venta,
que son en barrios bajos, tipo Marconi o Cuarenta Semanas", relató el joven.
La pasta base "aparece en los barrios más pobres, donde el fenómeno de la
exclusión social y la crisis socioeconómica profunda (2002-2003) es el caldo
de cultivo para que esta sustancia de bajo costo, altamente adictiva,
extremadamente tóxica, agudice la vulnerabilidad social ya existente en esta
población", explica la publicación de IDES, difundida en 2004.
Al tener un precio accesible (entre $20 y $ 50 por dosis), la pasta base
cala hondo en los grupos con menor poder adquisitivo. Sin embargo, la
necesidad de los adictos de consumir constantemente, la termina convirtiendo
en una droga cara (hasta $ 5.000 por noche) y en un excelente negocio para
los dealers.
"Cada vez más personas fuman y, al mismo tiempo, cada vez más personas la
ofrecen", indicó Julio Guarteche, titular de la Dirección General de
Represión del Tráfico Ilícito de Drogas, quien relató que uno de los últimos
casos registrados por su brigada fue el de una mujer con cinco hijos que
tenía una ganancia diaria de $ 1.000 gracias a la venta de pasta base.
Las características sumamente adictivas de esta droga convierten su
comercialización en un negocio redondo, en el que se hace lo imposible para
obtener más réditos. Cada dosis debería tener 0,5 gramos de pasta base, pero
muchas veces tiene tan sólo 0,2. Para hacer que rinda más, se la mezcla con
otras sustancias que generalmente son muy tóxicas. Al estirarla, uno de los
cuidados es no afectar el efecto que provoca en los usuarios y, con tal fin,
se le agregan otros productos, como por ejemplo anestésicos.
La intensa adicción que genera en sus usuarios los lleva a vender todas sus
pertenencias e, inclusive, a delinquir con tal de conseguir dinero para
comprarla. "Ningún adicto se fuma sólo una dosis. Siempre necesitan plata
para tener más y más, lo que a veces los lleva a cometer actos delictivos.
Es un síntoma más de la desesperación", indicó Virginia Esmoris,
coordinadora de área en Izcali, un centro de tratamiento y rehabilitación
del uso indebido de drogas.
Varios entrevistados pidieron romper con la asociación directa entre pasta
base y delincuencia. "No todos los consumidores roban o son delincuentes. Es
verdad que muchos roban para consumir. Pero si queremos relacionar droga con
delincuencia, entonces hay que poner la lupa sobre el alcohol, que es la
causa de muchísimos más actos criminales. Lo que pasa es que la pasta base
es algo nuevo y llama más la atención", indicó el psiquiatra Alvaro Usher,
del centro De Cavia.
Te lo pide. Juan Pablo admitió que se hizo "mierda con una mierda". "Es el
peor infierno. La pasta base fue lo que desbordó mi vida y me tiró en un
pozo", agregó este joven, quien estuvo internado en un instituto psiquiátrico antes de ingresar a Izcali.
Para ser gráfico, el psiquiatra Usher citó una frase que suelen utilizar los
adictos: "El cuerpo te lo pide". Este médico indicó que después de algunos
meses de fumar pasta base, el consumo se vuelve irracional y destruye
completamente a sus pacientes, que llegan al centro en estados deplorables,
con una pérdida de peso del 20%, con insomnio, sentimiento de persecución y
una profunda depresión.
Después de la marihuana, la pasta base es la droga más consumida en Uruguay
y tuvo un avance impresionante en los últimos tres años.
Los especialistas dicen que la pasta base es un espejo de una sociedad
autodestructiva, inmediatista e individualista: al ser fumada, la sustancia
alcanza el cerebro rápidamente (entre 8 y 40 segundos), lo que provoca un
efecto de euforia instantáneo, pero a su vez la caída ocurre de golpe (en un
minuto), lo que genera un poder adictivo mucho mayor que otras drogas. Esta
sustancia es fumada en latas (de ahí quese le llame la lata), en inhaladores
para el asma o en caños de PCV.
"Con el tema de la pasta base lo que nosotros vemos es que en tiempos más
breves que con la cocaína, el usuario puede llegar a una situación de
dependencia. Antes demoraba algunos meses o años y ahora vemos que nos
consultan tras períodos de consumo muy cortos, un mes, dos meses y ya quedan
en una situación de enganche", explicó Usher.
Lista de espera. Juan Pablo es uno de los 35 jóvenes que se atienden en
Izcali, donde el 50% de los cupos son pagos y el resto para pacientes del
servicio público. Estuvo durante varios meses en lista de espera para
ingresar a esta institución, una lista de espera común a varios centros para
el tratamiento de esta droga.
La internación en clínicas privadas scuesta entre US$ 400 y US$ 1.000, pero
para quienes no tienen recursos, las opciones no son muchas.
El departamento de farmacodependencia del Hospital Maciel es el centro de
referencia para el tratamiento de adicciones en todo Uruguay.
Allí se atienden unos 40 pacientes por día, el 90% adictos a la pasta base.
Virginia Esmoris, que además de trabajar en Izcali dirige este departamento,
aclaró que el "servicio del Maciel es muy completo ya que se trabaja con un
grupo interdisciplinario", pero aclaró que están saturados. Por lo pronto,
en este centro de referencia para todo Uruguay hay sólo cuatro camas para
internar a pacientes con adicciones problemáticas.
Aunque el Instituto de la Niñez y la Adolescencia (INAU) los hospitales
Vilardebó, de Clínicas, Policial y Militar también tienen departamentos para
tratar de forma ambulatoria las adicciones; solo el Maciel tiene una zona de
internación especializada y no da a basto.
El alto consumo de pasta base "puso al descubierto la fuerte carencia
existente en el país para la atención de consumos problemáticos de drogas en
general y de las dependencias en particular, situación que se agrava en las
poblaciones ya socialmente vulnerables, que habitualmente no acceden a
servicios y prestaciones públicas", indica el estudio de IDES.
El Ministerio de Salud Pública, la Junta Nacional de Drogas y el INAU prevén
abrir en Nuevo París un centro especializado en tratamiento de drogas,
llamado "El Portal Amarillo", cuya fecha de inauguración fue aplazada para
fin de año. Aunque será de gran utilidad, pensar que este tema se va a
solucionar solamente con "El Portal Amarillo", no tiene sentido, indicó
Agustín Lapetina, coordinador del programa de drogas de la organización no
gubernamental El Abrojo.
"Lo que falta acá es información, que la gente sepa que hay varios lugares
públicos donde se brindan buenos tratamientos. Ante la desesperación de los
padres, los encierran en un cuarto durante todo el día, no saben qué hacer
con ellos. Hay que coordinar esfuerzos para que sea más fácil tener un
acceso rápido a una consulta y, después, en todo caso, derivarlos a un
centro de atención ambulatoria o al centro de internación más adecuado",
indicó Lapetina.
Todos los entrevistados destacaron la necesidad de crear una red en la que
trabajen conjuntamente los actores públicos y privados con las organizaciones no gubernamentales que abordan el tema, como IDES y El
Abrojo.
"La pasta base cambió todo el escenario local, cambió todas las estrategias,
desde los penal, pasando por lo policial, hasta lo sanitario. Ahora, hay que
coordinar acciones para que los jueces, los policías y los especialistas en
salud sepan cómo encarar este tema y a dónde derivar a los adictos", indicó
Romani, y para rematar agregó: "¡Nos metimos en un baile!". |