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2006/FEB/09 -
LA AUTONOMÍA IMPIDE AL PODER
EJECUTIVO APLICAR SANCIONES
Prohibición de fumar en manos de los
entes
El debate está instalado en el
CDC de la Universidad, que recibió una carta del MSP
La campaña que lanzó el gobierno contra el tabaquismo que, decreto
mediante, prohibirá fumar en los lugares de trabajo a partir del
1º de marzo, se está encontrando en la práctica con algunas trabas
que pueden llegar a matizar su efectividad si no se cuenta con la
buena voluntad de los fumadores. Tal es el caso de la Universidad
de la República y la Administración Nacional de Educación Pública
(ANEP), organismos a los cuales la Constitución le otorga una
autonomía tal que impide que el gobierno a través del Ministerio
de Salud Pública (MSP) les aplique sanciones si no cumplen con la
prohibición de fumar. Un decreto, explican los juristas, no puede
ir contra la Constitución.
El director nacional de Salud, Jorge Basso, dijo a El Observador
que en el MSP son “concientes de la autonomía del sistema
educativo”, y que por esa razón apelan a la buena voluntad de los
fumadores y a la colaboración de las autoridades de la Universidad
de la República y de la ANEP.
En 1996, un decreto menos tajante del presidente Julio María
Sanguinetti, prohibió fumar fuera de los espacios habilitados para
ese fin. Esta medida motivó una consulta de la Universidad de la
República a su Dirección Jurídica para determinar si la norma se
imponía en la autonomía universitaria. La consulta concluyó que
sí, porque el decreto regulaba disposiciones constitucionales
respecto a la salud de la población.
Juan Pablo Cajarville, catedrático de Derecho Administrativo de la
Universidad de la República, se manifestó de acuerdo con ese
dictamen, y dijo a El Observador que “el Poder Ejecutivo está
habilitado, a través del MSP, a tomar medidas relativas a la salud
pública, sin que eso viole la autonomía de los entes autónomos,
pero en el caso de los entes de enseñanza, en principio, el Poder
Ejecutivo no tiene posibilidad de sancionarlos si no cumplen esas
normas, incluso si su accionar es ilegítimo”.
Sólo alguien que se considere lesionado en forma personal por ese
incumplimiento puede elevar un recurso ante el Tribunal de lo
Contencioso Administrativo. El catedrático explicó que el Poder
Ejecutivo no puede aplicar sanciones de tipo administrativo a los
funcionarios de un ente autónomo, pero en el caso de los
organismos de la enseñanza, tampoco podría observar o remover a
sus autoridades.
Basso dijo que el MSP mantiene una “apuesta que va más allá del
aspecto impositivo de todo decreto, y apunta al involucramiento de
la ciudadanía”. Con esa intención envió una carta al rector Rafael
Guarga, para solicitar la colaboración de la Universidad de la
República en la campaña contra el tabaquismo.
“Hoy no se necesitan inspectores para impedir que se fume en
ómnibus, cines o teatros, y apostamos a ganar cada vez más
espacios”, señaló.
Otra carta de Basso en junio al Consejo Directivo Central (CDC) de
la Universidad tuvo un recibimiento dispar por parte de los
consejeros que la recibieron a medianoche del martes, tras seis
horas de sesión. El único entusiasta fue el decano de Ciencias
Económicas, Miguel Galmés, que propuso realizar un balance de las
medidas contra el tabaco que tomó cada facultad. Pero los demás ya
se retiraban. “Quizás sería bueno encomendar a la Facultad de
Medicina un estudio sobre cómo el uso de autos particulares
contamina el ambiente y afecta nuestra salud”, señaló una
consejera.
A tres semanas de que entre en vigencia el decreto que prohíbe
fumar en espacios cerrados de uso público, cada facultad marcha a
su propio paso hacia su aplicación, que algunos reciben de buena
gana, y otros a contrapelo de una cultura de tabaco y autonomía
universitaria.
Varios estudiantes consultados por El Observador coincidieron en
que en las facultades se fuma, aunque aumentaron las restricciones
a esa actividad desde el año pasado. La consejera estudiantil ante
el CDC, Valeria Rubino, dijo que “dentro de un salón de clases no
se puede fumar, aunque a veces se rompa esa norma”.
Galmés, uno de los promotores de políticas antitabaco, dijo que en
la Facultad de Ciencias Económicas se prohibió fumar incluso en
espacios abiertos. El decano afirmó que la medida “obtuvo buena
respuesta de estudiantes y funcionarios en general, con algunos
inconvenientes menores”.
Entre ellos, mencionó que “a veces resulta un poco violento
decirle a un funcionario de muchos años que no fume, que está
prohibido, aunque él argumente que trabaja solo y no perjudica a
nadie, o que fuma en espacios abiertos”.
La Facultad de Ciencias Económicas, además, debió “montar un
mecanismo con los vigilantes para pedirle a la gente que apague el
cigarrillo o que no entre fumando”, dijo Galmés. A su entender, en
este caso la autonomía universitaria “puede regir en que la
Universidad se de a sí misma los mecanismos para instrumentar la
nueva disposición, o en analizar cómo se sanciona a quien incumpla
la norma”.
El decano de la Facultad de Odontología, Álvaro Maglia, dijo que
la campaña antitabaco en ese instituto comenzó en 1988, y hace
tres años se intensificó. “Hay ámbitos en los que ya no se fuma,
entre ellos los salones de clase, y se limitó el consumo de tabaco
a los espacios abiertos”, dijo.
Consultado respecto a las disposiciones del gobierno de prohibir
fumar en todos los lugares de trabajo, Maglia dijo que “en lo
personal” prefiere “una campaña que informe de manera adecuada
para desestimular el consumo de tabaco, y no una imposición”.
En cambio, la decana de Enfermería, Raquel Mazza, consideró
“excelente” lo dispuesto por el gobierno “para preservar al que no
fuma”, aunque coincidió con Galmés en las dificultades para
implementarlo, y señaló que aún está pendiente “analizar cómo se
sanciona” a quien incumpla la norma. |