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2004/JUN/13
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DROGADICCIÓN | HASTA EL AÑO PASADO LOS
CASOS ERAN LLAMATIVOS PERO AISLADOS. DESDE ENERO PASADO CRECIÓ
EXPLOSIVAMENTE LA CANTIDAD DE SITUACIONES VINCULADAS A LA DROGA
Pasta base está haciendo estragos
Tanto autoridades médicas
como policiales y judiciales se preguntan cómo parar el auge de
la sustancia.
LEONEL GARCIA

EMERGENCIA. El consumo de pasta base genera cuadros
respiratorios agudos y daños neurológicos. |
El fenómeno
"explotó" este año. Aunque ya era tristemente célebre
en otras partes del continente. Tardó en llegar pero llegó: la
pasta base de cocaína, también conocida como "lata"
por una de sus maneras de inhalarse, tiene en jaque al sistema de
salud y golpea en muchos barrios, instituciones educativas,
seccionales, juzgados y programas sociales. "Es por la pasta
base" es la explicación, contundente y terminal, que suele oírse
en muchos de esos ámbitos para explicar muchas conductas
inusualmente violentas, delitos, agresiones y crisis familiares.
La "pasta base" de cocaína es fuertemente adictiva y
trae consigo un desajuste de la personalidad que frecuentemente se
vuelve insuperable: el adicto rompe sus relaciones y las normas
familiares de convivencia. El auge de este flagelo es muy claro,
por ejemplo, en la policlínica del Centro de Información y
Asesoramiento Toxicológico (CIAT). Según la médica toxicóloga
Cecilia Dell’Acqua en las últimas semanas "ocho de cada
diez consultas nuevas son por casos de pasta base".
Dell’Acqua señaló que un relevamiento realizado en el CIAT
sobre consultas realizadas entre 2003 y los primeros meses de
2004, indicaba que la pasta base estaba presente "entre un 51
y 53% de los casos". El aumento de la influencia de la
referida sustancia es notorio.
La situación, y la preocupación, son las mismas en el Servicio
de Fármacodependencia y Psiquiatría, del Ministerio de Salud Pública
(MSP), un centro de referencia nacional que funciona en 25 de mayo
174. Allí, el psiquiatra Artigas Pouy, estima que un 80% del
total de consultas relacionadas con drogas, desde enero a hoy,
tienen a la pasta base como protagonista.
"Hoy es la droga más ruidosa", afirma Pouy, no solo por
la agresividad o ansiedad que suelen mostrar los pacientes, sino
también por el trasfondo de dramas familiares que refleja cada
uno de ellos. Varias fuentes consultadas coincidieron en que es
muy común que sean los propios familiares de los adictos quienes
los llevan a los servicios médicos con cuadros de alto riesgo de
vida. Pouy recuerda casos de familias desesperadas por tener un
integrante adicto. Historias que hablan de agresiones entre sus
miembros, de padres que no pueden controlar a sus propios hijos,
que incluso cuando ya no saben qué hacer los echan de la casa o
derivan a la Policía. A veces, porque los consumidores de pasta
base desvalijan sus propios hogares en búsqueda de cualquier
artefacto para vender que les permita proveerse de droga.
"Eso es algo llamativo, que no ocurre con esa frecuencia con
otras sustancias" dijo el técnico.
El adicto a la pasta base es joven. Tiene entre 15 y 30 años. Según
Pouy, y de 10 casos seis o siete son varones. El psiquiatra afirma
que pese a que la mayoría de ellos afirma consumir para olvidar
carencias económicas o afectivas, "ahora también están
apareciendo casos pertenecientes a clases sociales más
acomodadas". Fuentes del Instituto del Menor (INAME) dijeron
que ya se han registrado múltiples casos de internaciones por
adicción a la pasta base de cocaína de adolescentes y jóvenes
de clase media o hijos de profesionales. De todas maneras, aunque
su uso crece en todos los sectores sociales, el bajo precio de la
pasta base hace que sus usuarios sean mayoritariamente de sectores
pobres.
Para calmar la ansiedad y la excitación se realiza un tratamiento
farmacológico que incluye ansiolíticos como benzodiazepinas. Las
entrevistas y la contención a los adictos son más intensas en
las primeras etapas del tratamiento, ya que el síndrome de
abstinencia es particularmente fuerte los días siguientes a dejar
de consumir. "Es necesaria la intervención de la familia,
como factor continente, desde el vamos", señala Pouy.
En caso de internación, la misma dura de 15 a 20 días. Deberían
ser más, pero los recursos son limitados: en el servicio referido
hay dos psiquiatras y siete psicólogos.
Pouy afirma que la pasta base se está expandiendo: "Es un
producto de la crisis económica del país. ¿Soluciones? Tendrían
que implementarse políticas al respecto, y no solo en la Salud Pública".
EMERGENCIAS. Los médicos y enfermeros que estuvieron en la
guardia del Hospital Maciel un jueves de finales de mayo no lo han
olvidado. Un hombre de poco más de veinte años, bajo el efecto
de "la lata", se descompensó en la Sala de Emergencias.
Se desnudó y empezó a correr por el hospital en medio de
pacientes y personas que esperaban atención. Tuvo que ser
sujetado entre tres personas. "Nadie pudo dormir esa
noche", recuerda la doctora Jimena Torres, quien presenció
el hecho. Asimismo, el pasado jueves de tarde el sistema informático
del Maciel "se cayó", demorando la atención al público.
En la televisión pudo verse a una mujer reclamar por el hecho:
estaba allí por la adicción de su hijo a la pasta base. Los
episodios son representativos de las características y expansión
de esta nueva realidad.
El médico Jorge Facal es jefe de una guardia rotativa en el
Maciel. Asegura que los días del fin de semana llegan unos cinco
casos relacionados a la pasta base por día. "En las otras
jornadas varía, tanto ‘caen’ dos o tres como ninguno, no es
algo uniforme". El día que los médicos de esa guardia
recibieron a El País —un lunes— hubo cuatro consultas. El médico
dice que esta situación de múltiples casos diarios se está
dando desde principios de año.
Médicos, enfermeros e incluso personal de seguridad de
Emergencias del Maciel relatan los casos que han visto llegar con
las secuelas de la pasta base: adictos a veces agresivos y muy
excitados, ya sea por el efecto de la droga o por la abstinencia.
En otras oportunidades, sobre todo cuando son acompañados por su
familia, están más tranquilos, incluso pidiendo ayuda.
"Hace poco vino un joven de 25 años, consumidor desde los 13
que recientemente había ‘descubierto’ la pasta base",
relata la doctora Viviana Pérez. "Vivía solo, pero estuvo
preso y volvió con su familia. Lo trajo el padre y decía que ya
no podía con él, no podía controlar su agresividad. A su vez,
el adicto decía que se quería internar, que quería curarse, hacía
cuatro días que no consumía. Pese a que estaba tranquilo, en un
aparte el propio padre me advertía que el joven era muy
manipulador".
Muchas veces es la Policía la que trae a los adictos. En estas
oportunidades, mucho más frecuentes los fines de semana, son
recogidos de las calles o de los centros bailables. De acuerdo con
Facal, los casos "extremos", en que los atendidos llegan
a arrancarse la ropa, agujas o sueros y es necesario sujetarlos,
son especialmente distorsionantes. Sobre todo en un servicio de
emergencia muy limitado en insumos y personal y sobrecargado de
trabajo.
"Basta con mirar la sala de espera para darse cuenta que
estamos desbordados. Y esto pasa en toda Salud Pública. Sin
entrar en un tema filosófico, estos son pacientes ‘por elección
propia’, más allá que estén influidos por la sociedad o por
problemas personales. Entonces, la presencia de estos adictos
puede distorsionar todo el servicio, que no está preparado para
ofrecer lo que se debería", afirma Facal.
La operativa de emergencia finaliza en estos casos con tratar de
establecer el vínculo con Psiquiatría, luego de averiguar y
tratar posibles complicaciones como enfermedades cardíacas o
respiratorias. La falta de aire y las taquicardias producidas por
el consumo son fuentes habituales de consulta. En algunos casos
son sedados con ansiolíticos. Pero la intervención médica no
siempre llega a buen puerto. "A veces, ni bien se sienten
mejor, se fugan del servicio. En verdad no todos se quieren
curar", dice la doctora Patricia Procopio.
Para varios médicos lo peor de la pasta base no es la agresividad
sino la situación que se genera detrás. Así, han escuchado una
y otra vez la desesperación de los familiares de jóvenes fuera
de control que han hecho desaparecer casi todas las pertenencias
de los hogares para conseguir la sustancia. Una enfermera, que
cumple sus tareas en el Maciel y el San Bois, afirma que en este
último "apareció un joven de 16 años con una taquicardia
importante. Era la primera vez que consumía pasta base que se la
había suministrado su propio hermano, de 28. Lo trajo la madre,
para ella fue un drama terrible".
JUSTICIA. Los juzgados de menores también han sido sacudidos por
esta nueva realidad. Al igual que en las emergencias médicas, lo
que eran casos aislados a finales de 2003 se han ido multiplicando
progresivamente. El juez Alejandro Guido, dijo a este diario que
"el tema de la pasta base se ve a diario. Hoy diría que está
presente en más de la mitad de los casos de menores infractores
en que intervengo".
En una anterior entrevista con El País, Guido relató el caso de
una mujer desesperada porque sus dos hijos adolescentes,
consumidores de pasta base, le habían robado "todo lo
valioso que había en su casa". Lo último había sido una
mesa de televisor.
Su colega Hugo Morales coincide en que el número de casos en los
que la pasta base está involucrada supera la mitad del total.
"Yo había notado los primeros casos hace diez o doce meses
pero no fue hasta este año que el tema no salió a la
superficie", indica Morales. "En las casas de estos
menores se han producido robos de todo tipo, desde electrodomésticos
hasta otras cosas más chicas. A veces vienen por un hecho
delictivo común y salta el tema de la pasta base de fondo; otras
son los propios padres que los traen, aseguran que no pueden con
ellos".
Morales dice que, en algunos casos, la excitación de los menores
es tal que tienen que llamar a médicos a la propia sede judicial.
"Nosotros podemos derivarlos a un centro psiquiátrico, pero
no avizoro una solución. Ciertamente, la represión no lo es. No
existe una respuesta a nivel institucional".
En su caso, la mayoría de los que pasan por el juzgado en temas
relacionados a la pasta base son adolescentes de 14 ó 15 años,
generalmente varones y, si bien inicialmente provenían de
sectores sociales más desprotegidos, ahora es común ver adictos
pertenecientes a la clase media.
El doctor Walter Rivero es otro jefe de guardia del Maciel. Para
él, "todo hace pensar que esta situación va a empeorar. No
solo por la situación económica sino por la pérdida de valores.
No es mucho lo que podemos hacer en Salud Pública, no estamos
preparados, no hay donde derivarlos. Para que los pacientes puedan
salir de la adicción tiene que haber atrás una familia que los
continente". No basta con acompañarlos hasta las emergencias
o juzgados.
PREOCUPACION OFICIAL. Fuentes del MSP dijeron que existe gran
preocupación entre los jerarcas de los programas de salud por
"el desborde y los desajustes" que generan los casos de
adicciones en general, y de pasta base en particular, en los
diversos servicios médicos y de salud mental existentes.
Pero ha sido el gran aumento de los casos de adictos a la pasta
base lo que ha provocado en la últimas semanas varias reuniones
entre autoridades y técnicos responsables para enfrentar lo que
ya se considera una pandemia social.
También se han hecho contactos con otros organismos públicos,
analizándose posibles medidas preventivas y asistenciales en la
materia.
Se expande en barrios
"Es una
droga que en estos momentos está tendiendo una fuerte embestida.
Su bajo costo y su poder de adicción hacen que la ‘oferta’
sea muy buena en todos los barrios de Montevideo. Ahora, en los
procedimientos, estamos viendo más pasta base que
marihuana", afirma el comisario inspector Hugo Sachouw,
subdirector de la Dirección Nacional de Drogas.
El jerarca policial indica que en lo que va del año se han
incautado en el país unos 27 kilogramos de drogas producidas a
partir de la hoja de coca. "Alrededor de un 70% se trata de
pasta base". Se realiza una media de entre cuatro y cinco
procedimientos de incautación por semana.
El último de esos procedimientos se realizó el viernes en La
Comercial, donde se incautaron 3.745 gramos de pasta base. En 2004
se han realizado 503 detenciones por drogas, hay 110 procesados y
nueve menores internados en dependencias del Iname.
La cocaína a mitad de su
proceso
La pasta
base surte efecto entre 8 y 40 segundos luego de ser fumada. Este
dura solo pocos minutos, pero es de acción más potente que la
cocaína, de cuyo refinado es un paso "intermedio".
De acuerdo con Juan José Aboy, de la Fundación Manantiales, la
pasta base de cocaína "se obtiene a través de las hojas de
coca, las que son sometidas a un proceso de maceración y mezcla
con solventes tales como parafina, bencina, éter o ácido sulfúrico".
Eso es, según el experto, lo que la hace más peligrosa para el
organismo.
Para consumirla, mezclada con tabaco o marihuana, es calentada y
fumada a través de intermediarios como inhaladores, pipas o
latas. Esto último es lo que le da su otra denominación.
Aboy señala que, durante su breve tiempo de efecto, "se
observa una disminución de inhibiciones, sensación de placer e
intensificación del estado de ánimo". También aumenta la
presión sanguínea, la temperatura corporal, y los ritmos cardíacos
y respiratorios.
Le sigue una etapa en la que el consumidor se siente deprimido y
angustiado, lo que lleva a intentar seguir fumando. Pueden llegar
a producirse alucinaciones, tanto visuales como auditivas u
olfatorias, e incluso episodios de psicosis.
Aboy enumera una serie de efectos físicos que se producen en los
consumidores: pérdida de peso, palidez, taquicardia, insomnio,
verborrea y dilatación de la pupila. Durante la abstinencia se
observa déficit en la memoria, comportamiento antisocial y
permanente desinterés.
El medio gramo tiene un costo entre 50 y 70 pesos. La cocaína,
dependiendo de la calidad, cuesta entre 150 y 300 pesos el gramo.
Luego de unos tres meses de consumo, el consumidor presenta un
estado demacrado y con frecuentes cuadros de paranoia.
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