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2004/DIC/05 -
DROGAS | UNOS 17 JÓVENES Y SUS FAMILIAS CELEBRARON EL FIN DE CASI
TRES AÑOS DE TRATAMIENTO CONTRA EL USO DE SUSTANCIAS ILEGALES
Fundación Manantiales gradúa ex adictos
El drama familiar presente. La angustia de ayer se troca en esperanza
hoy. Y un llamado en favor de la vida
LEONEL GARCIA
Mario Ramos (30) recuperó la sonrisa. Al igual que él, también lo hicieron su
esposa Déborah y su pequeña hija Camila, de cuatro años. Dentro de un mes, la
familia tendrá un nuevo integrante, una beba que se llamará Lucía. No se sabe si
viene con un pan debajo del brazo, pero su padre ya consiguió una medalla: la de
"graduado" de Fundación Manantiales Uruguay.
"Graduado" en realidad quiere decir alta terapéutica. Mario y otros 16 ex
adictos recibieron ayer al mediodía tal distinción. Fue la decimocuarta ceremonia de
tales características que ha organizado Manantiales. La emoción de ellos y sus
familiares fue la constate del evento realizado bajo un sol avasallante, en el predio
de cuatro hectáreas de Instrucciones y Camino La Calera.
Es ahí donde Manantiales tiene su Comunidad Terapéutica, en la zona suburbana de
Montevideo. Mario llegó ahí hace 27 meses, cuando su vida se consumía por drogas
como la pasta base de cocaína (mucho antes que esta hiciera su "explosión"
en la comunidad). Ahí permaneció durante más de un año, viendo a su familia una
vez cada quince días, siguiendo un duro tratamiento al que desde hoy está
"eternamente agradecido". Luego de una etapa de "reinserción
social", donde recuperó su trabajo en una conocida tienda de ropa de hombre,
continuó la terapia desde su casa. Ayer se colgó con orgullo su medalla de graduado.
"De ahora en más no me queda otra que pelearla para seguir así", asegura.
PROYECTO DE VIDA. "Hoy reconocemos a quienes cambiaron un proyecto de muerte por
uno de vida", dice a El País Pablo Rossi, director general de la Fundación en
Argentina y Uruguay. Los "graduados" tienen entre 18 y más de 30, y
superaron un tratamiento de unos dos años de promedio —aunque hubo casos de 40
meses—, dependiendo su adicción y evolución.
Tanto los padres de los internos como los funcionarios alaban la terapia. Esta es
sumamente estricta: horarios para comer, trabajar y dormir, reuniones grupales e
individuales con psicólogos, médicos y psiquiatras, sanciones y "derechos"
ganados a través de la buena conducta, y visitas familiares cada 15 días. El
personal que ahí trabaja, incluso entre los profesionales, está compuesto en gran
parte por ex adictos a las drogas. Una disciplina férrea, cuyos detractores comparan
al "tratamiento Ludovico" de la Naranja Mecánica de Anthony Burgess.
Al respecto, Rossi señala que "si bien hay estrategias conductuales que apuntan
a que la persona deje de consumir, luego hay terapia familiar sistémica y psicoanálisis
donde cada uno entiende que la experiencia de la droga, para él, tuvo más pérdidas
que conquistas. Criticar es fácil, todo es perfectible, pero nosotros tenemos
resultados concretos: erradicamos gente de la droga".
Es claro que la medalla no es una solución mágica. "Siempre hay factores que
pueden influir en una reincidencia, pero será parcial y momentánea. Cuando damos el
alta, es porque el grupo terapéutico en total considera que la persona está lista
para afrontar la vida", sostiene el director. Según él, un psicólogo de 38 años
que supo ser adicto de cocaína, marihuana y LSD, los egresados tienen una conciencia
tal del daño que provoca las drogas en su vida, "que de tener una recaída
inmediatamente volverán a pedir ayuda". |