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2005/AGO/05 -
DROGAS | Lo dice la ONG Cippus que atiende con chicos de la calle en el eje de 8 de Octubre | Trabaja con 29 menores, 90% de los cuales son adictos
El consumo de pasta base ya llegó a niños de seis años
Sucede en la Unión: si los menores no pueden comprar una dosis, distribuidores les ofrecen una pitada a cinco pesos
GUSTAVO TRINIDAD / JAVIER LYONET
Varias Ongs que trabajan con niños en situación de calle están alarmadas por la constatación del consumo de pasta base en el 90% de ellos. Estos casos alcanzan a niños de seis y ocho años y el consumo de esta droga puede causar secuelas irrecuperables en menores de esa edad. Los educadores se apuran a planear nuevas estrategias que contemplen esta adicción, pero la infraestructura no ayuda.
A la falta de educadores para atender este crecimiento se suma la ausencia
de centros especializados para atenderlos. Otra carencia grave es la falta
de albergues.
El consumo de pasta base también promueve el robo en estos menores ya que
los vendedores de esta droga aceptan objetos a cambio de dosis. El hábito de
este consumo perjudica enormemente el trabajo de los educadores sociales
porque los niños pierden el incentivo en otras tareas y solo tratan de
volver a consumir. Son niños que perdieron prácticamente todo vínculo
paterno o familiar y desertaron del sistema educativo.
Hay cinco ONGs en la capital que trabajan atendiendo esta situación pero
están desbordadas y sin los recursos necesarios. Una de ellas es Cippus, que
entre otros proyectos, desarrolla uno que atiende menores en situación de
calle en la zona de la Unión.
Cippus pasó en dos años de atender tres menores en situación de calle a 29
en el día de hoy. De estos 29, nueve son niñas. Casi el 100% se fugaron de
hogares de amparo de Inau pero la institución hasta el momento no tiene una
política de salir a buscarlos. Muchos no son de la Unión e incluso hay casos
en que sus familias viven en Pando o Las Piedras.
La Asociación de Cerrajeros instrumenta con Cippus una campaña para que la
gente pueda donar bronce en sus locales y lo que se recabe será destinado a
contratar más educadores para tratar de paliar el desborde que sufren.
Enrique Saavedra, director de Gurises Unidos, otra ONG que trabaja con niños
de este mismo perfil, indicó que ahora la pasta base suplantó al consumo de
pegamento inhalado que hace unos años era lo utilizado por estos chicos.
INESCRUPULOSOS. El problema también dejó al descubierto la actuación de
personas mayores que suministran esta droga a los niños.
El consumo es doblemente problemático porque además de hacer estragos en la
salud de estos menores los induce al robo.
Se trata de personas inescrupulosas que incluso cuando el niño no alcanza a
tener los $ 50 que sale media dosis de pasta base, les venden una "pitada"
por cinco pesos o les toman los objetos robados a cambio de pasta base.
"Ahora estamos buscando formas para trabajar sobre el tema del consumo",
cuenta Leonardo Alonso, educador social de Cippus. El propio consumo pone en
peligro el vínculo generado por los educadores. "Los niños van perdiendo la
motivación para cualquier otra cosa que no sea el consumo de pasta base.
Este consumo es un flagelo pero no es la causa es una consecuencia de la
situación de estar en la calle", indica Alonso.
Hay casos en que los propios menores piden su internación porque ven el
desgaste físico que se produce en ellos. "Los llevamos al hospital y están
uno o dos días sin consumir pero salen de ahí y no tienen a donde ir",
explica Liliana Gómez, asistenta social y directora de Cippus.
La apertura del "Portal Amarillo", un centro de atención a consumidores de
pasa base que anunció la Junta Nacional de Drogas de la Presidencia de la
República, genera gran expectativa en estos grupos de técnicos que estiman
vendría a solucionar al menos un aspecto del problema.
En este momento el Inau los lleva al centro Abel donde están dos o tres días
pero luego no hay seguimiento de los casos.
ESTRATEGIAS. Los educadores explican que la realidad indica que debe haber
tantos proyectos como niños en la calle hay.
No puede aplicarse un proyecto "en general" porque la realidad es mucho más
compleja. Cada joven es un mundo y "no se puede pasar en una camioneta
levantarlo y llevarlo a su casa como cree mucha gente. La descallejización
de un menor de estos puede llevar varios años", explica Liliana Gómez.
Ganarse la confianza de ellos es una de las tareas más difíciles para los
educadores. Una de las estrategias al principio es tratarlo en la misma
calle. Para esto los educadores los invitan a plazas de la zona donde
organizan actividades recreativas. Uno de los puntos elegidos para trabajar
es Luis Alberto de Herrera y 8 de Octubre. Allí de tardecita llegan un grupo
de niños que ahora se disfrazan y ensayan un desfile que realizarán cuando
se inaugure la Movida Joven organizada por la comuna de Montevideo.
Luego se trata de ubicar a sus padres. Muchas veces estos no pueden tenerlos
y por algo estaban en un hogar del Inau, otras veces los educadores
constatan que es mejor que los menores no vuelvan a esos hogares.
El problema tiene que ver directamente con el futuro del país. Por ahora hay
más carencias que soluciones. Una muy importante es la falta de albergues.
"El año pasado había un solo albergue y lógicamente estaba siempre sin
cupos. Sufrimos viéndolos en la calle sin poder ofrecerles un techo para la
noche. Creo que en la realidad cuando decimos que nos preocupan los niños;
políticamente tienen que aparecer las soluciones", expresó Alonso. |