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 2006/NOV/23 - El País

Droga. Fumadores piden poder plantar; gobierno: la ley ya es de avanzada
Marihuana: la tolerancia crece pero despenalización está lejos
Cerca de 600 personas se manifestaron el sábado 18 en Plaza Independencia. Fumando, se pronunciaron a favor de que se autorice el cultivo de marihuana para autoconsumo. La legislación uruguaya ya es bastante liberal y tolera el consumo.

CATERINA NOTARGIOVANNI

La marihuana es la droga ilegal más consumida del mundo. De hecho, la Oficina contra la Droga y el Delito de Naciones Unidas (ONUDD) estimó en junio de 2006 que 162 millones de personas usaron la droga al menos una vez durante 2004.

La cifra representa el 4% de la población mundial entre 15 y 64 años. Según la ONU estas cifras representan un aumento del consumo que se refleja en un crecimiento de la producción mundial de marihuana, que pasó de 42.000 a 45.000 toneladas anuales.

En Uruguay el consumo no está prohibido. Sin embargo se penaliza la compra- venta, el suministro y el cultivo. Esta contradicción expone al consumidor a delinquir para satisfacer un hábito que, según la ley, no es delito.

Ese hecho colabora en la percepción, tanto del consumidor como de la opinión pública, de que el acto de fumar un porro es cosa de delincuentes.

Milton Romani, secretario de la Junta Nacional de Drogas (JND), considera que "Uruguay tiene una legislación de avanzada que recoge un viejo pensamiento liberal por el cual las acciones de hombres y mujeres que no atenten contra derechos de terceros no es motivo de intervención estatal, por eso el consumo no es punible".

Según el jerarca "es mucho peor en aquellos países donde si te agarran fumando te meten dos años preso, lo cual para mí es una barbaridad".

Convocante. Federico Marín tiene 20 años y pasará a la historia por ser el organizador del encuentro del sábado. Incluso, planea organizar un par de recitales en Rocha y Montevideo este verano y maneja nombres de bandas en algunos casos ampliamente conocidas.

Este estudiante de ingeniería fuma una o dos veces por día. Dice que para él la marihuana "es un desestresante muy bueno". Sus padres - cirujano plástico y médica pediatra- no están en nada de acuerdo con el hábito de su hijo.
"Dicen que si fumo me junto con mala gente. Yo les digo que hablan de gente que no conocen. Los amigos que les presenté no les cayeron mal, así que más que nada son prejuicios", cuenta.

Esa percepción ha cambiado en los últimos años. Daniel Arbulo, secretario de la Juventud Socialista, comentó que en las giras realizadas en todo el país encontró "cabezas muy abiertas" y la percepción de que "la marihuana es distinta al resto de las drogas". "Esperábamos mayor rechazo", admite. Lo que se pretende es terminar con la criminalización del consumidor de marihuana: "si te fumás un porro sos delincuente, pero si te tomás un whisky sos divertido", dice Arbulo.

La juventud del PS y la de la Vertiente Artiguista están promoviendo el debate sobre la despenalización.

Desde la órbita oficial se percibe un cambio en el enfoque del consumidor.
El texto introductorio de la "II encuesta nacional sobre consumo de drogas en estudiantes de enseñanza secundaria" de abril de 2006, realizada por la Junta Nacional de Drogas (JND) dice que "muchas personas tienden a discriminar o tratar con hostilidad a quienes consumen marihuana frecuentemente sin evaluar que aquellos que consumen tabaco se encuentran bajo los efectos de una droga con un poder adictógeno (probado científicamente), mucho mayor que el de la marihuana".

SALUD. En cuanto a los efectos sobre la salud física existe consenso en el hecho de que la marihuana, al ser fumable, afecta al aparato respiratorio.

La técnica de fumado -grandes bocanadas conteniendo el aire en los pulmones- puede generar complicaciones similares a las que produce el humo de tabaco, tales como bronquitis y cuadros infecciosos. El psiquiatra Álvaro Usher, director técnico del Grupo de Cavia, dijo que a veces pueden presentarse cuadros de crisis de ansiedad y angustia, pero que esto sucede en fumadores "novatos" y en contextos donde "no se sienten protegidos".

Dificultades en la coordinación motora, dificultad para retener información que afecta la memoria inmediata, somnolencia y aumento del apetito son otros de los efectos al momento del "pegue".

En caso de fumadores "crónicos y en el largo plazo", la marihuana puede producir lo que se llama "síndrome amotivacional", que conlleva sentimientos de abulia y pérdida de interés.

La droga tiene un bajo nivel de incidencia en la generación de dependencia.
Entre seis y ocho personas de cada 100 se vuelven adictos. Para la ONUDD hasta nueve. Su informe señala que "el cannabis fue asociado al inicio de psicosis en personas más vulnerables y agravantes de síntomas ligados a la esquizofrenia. Efectos negativos intensos de la cannabis incluyen ataques de pánico, paranoia, y síntomas sicóticos".

La doctora Raquel Peyrabue es consultora en "Uso problemático de drogas" e integra el Comité Ejecutivo de la Asociación Internacional de Reducción de Daños (IHRA por sus siglas en inglés). Cree que cuando se habla de drogas hay que considerar la realidad en todos sus términos, como la legitimidad que tiene el uso de marihuana hoy por hoy: "no es verdad que es sólo en jóvenes. Hay personas de 30, 40 y 50 años que terminan la cena y se arman un porro, desmorrugan y consumen en ronda sin el horror de nadie. La gente cree que son sólo los jóvenes porque hacen un consumo expuesto en la vía pública", afirma.

Milton Romani dijo a El País que "no es verdad que la marihuana sea una droga de recalada, ya está demostrado que no es así. Los toxicólogos dicen que, de haber, serían el alcohol y el tabaco". También considera falsa la afirmación de que la marihuana es una droga blanda: "depende de quién consume, cómo la consume, y en qué circunstancias. Yo clínicamente he visto pacientes de marihuana dados vuelta con ideas paranoides y con secuelas".

Peyrabue cree que "la marihuana utilizada en un consumo ocasional y recreativo tiene un efecto puntual que no es muy diferente al de haberse tomado un whisky: relajación, distensión, con tendencia a la risa. Si bien hay un efecto perceptivo distorsionado, nunca llega a niveles de lo alucinatorio. Cuando una persona llega a alucinar bajo los efectos de la marihuana, esa persona no debería fumar porque tiene una estructura física de base que lo pone en riesgo. El consumidor está con los pies en la tierra, de hecho, algunos van a clase, otros trabajan, mantienen conversaciones lúcidas", explica.


Regulación y control de calidad

Cuando una persona es detenida con marihuana puede alegar que es para autoconsumo.

El artículo 31 de la ley 17.016 de "Estupefacientes" dice que "quedará exento de pena el que tuviere en su poder una cantidad razonable destinada exclusivamente a su consumo personal, con arreglo a la convicción moral que se forme el juez a su respecto, debiendo fundamentar las razones que la han formado". Un reclamo de los consumidores apunta a especificar cuál sería esa cantidad.

Para Romani ese pedido es "un pelotazo en contra" porque se puede estar "propugnando mecanismos controladores que van a ser más rígidos que los que tenemos hoy" porque "cuando un Estado regula lo hace con todo".

La médica Raquel Peyrabue considera que "la despenalización de la marihuana es hoy por hoy un imperativo político, de salud pública y de seguridad social". Para la especialista "la ilegalidad de las drogas es una de las partes importantes del problema del uso de drogas porque escapa al control".

De este modo no se puede hacer reducción de daños y controles de calidad de las sustancias, lo que impide que la misma pueda ser "analizada científicamente".

"El mercado de drogas está regulado por los narcotraficantes, que venden lo que le interesa vender. El narco dice `no tengo marihuana, pero sí esto otro, probálo`", explicó. "Creo que la población tiene que empezar a pensar que el fracaso ya está, porque hay hijos que se están muriendo de pasta base. Tenemos que empezar a aplicar otra cabeza si queremos salir del empantanamiento en el que estamos. Y una posibilidad real es que cuando vayan a comprar marihuana no les vendan otra cosa", agregó.


"No me afecta para trabajar y estudiar"
Testimonios de un sociólogo y una psicóloga que fuman

B.M es un sociólogo de 28 años que está terminando una maestría en Sociología del Desarrollo. Empezó a fumar los 18 años, y hoy consume un promedio de un porro por día. Su adicción no le impidió desarrollarse en los estudios aunque reconoce que como cualquier sustancia de "uso cotidiano genera cierta dependencia negativa, más allá de que no me afecta para tener novia, ni para estudiar y laburar".

B.M considera que la relación con la sustancia depende del contexto y de uno mismo: "Si te das cuenta que recurrís a eso para olvidarte un poco de tus rollos tratás de achicar. Si es sólo para desenchufarte es otra cosa".

B. tiene 42 años es psicóloga. Divorciada y con dos hijos (de 15 y 18 años) conoció la marihuana a los 14 años. Dice que nunca se enganchó y hoy se describe como una "fumadora social" que puede pasar ocho meses sin pitar.
Considera que hay mucho mitos en torno a la droga: "no creo que la marihuana genere adicción psicológica, cuando dejé no tuve síndrome de abstinencia para nada. Tampoco es cierto que sea la puerta de entrada a otras drogas, es más, considero que si la marihuana fuera legal no se consumirían otras drogas". Sus dos hijos fuman, y ambos debutaron con su madre en ronda. "Que fumaran en casa y conmigo me dio mucha tranquilidad", dice. "Me preocupa más el consumo de alcohol en los jóvenes"


Holanda: control en el paraíso del porro
Severa regulación en los locales que venden marihuana

Holanda es un país famoso por varios motivos, entre ellos la zona roja y los coffee shops de Amsterdam. Estos últimos son en aspecto bares ordinarios, con la salvedad de que allí se puede comprar y consumir marihuana y hachís a la carta. Además se venden hojillas, cartulina para hacer filtros, pipas, y todos los implementos necesarios para fumar. Para los novatos se ofrecen cigarros armados y listos para consumir. La actividad está estrictamente regulada. La edad mínima para el ingreso es 18 años, se prohíben las bebidas alcohólicas y las drogas duras (cocaína y heroína), y el máximo consumo por persona es de cinco gramos. En el local no puede haber más de 500 gramos en stock. Además el uso de teléfonos celulares, y todo tipo de agresión o conducta violenta. Expresamente prohibido está el hacer propaganda de cualquier tipo sobre la venta de drogas, ya sea en remeras o stickers. Tampoco está permitido colocar plantas en los frentes de los locales.

Los fumadores de marihuana que sueñan con saborear un cigarro de cannabis en un "coffee shop" en 18 y Río Negro, tendrán que esperar. Sentados. Al día de hoy no existe consenso en cuanto la oportunidad y conveniencia de cambiar el marco regulatorio. Los motivos son varios: Argentina y Brasil tienen políticas más rígidas que penalizan incluso el consumo y no hay acuerdos en cuanto a un eventual modelo a aplicar: si se despenaliza la compra-venta y/o se habilita la plantación para autoconsumo.

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www.infodrogas.gub.uy