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 2006/ABR/02 - La República

Drogadicción: la imperiosa necesidad de atacar sus causas

Con motivo de los trágicos sucesos ocurridos el sábado 11 de marzo luego de finalizado un partido de fútbol y que dejaron como doloroso saldo un muerto y un herido grave, irrumpió nuevamente en el debate el problema de la droga.

Se afirma que los miembros de las "barras bravas" actúan bajo los efectos del alcohol y las drogas, que sirven como estímulo para su comportamiento agresivo.

Se habla particularmente de los efectos devastadores de la droga conocida como "pasta base", capaz de alterar por completo a sus adictos, compeliéndolos a usar cualquier medio para obtener su dosis.

Es sin duda alguna un problema serio al que deben hacer frente las autoridades. En ese sentido, la policía ha venido actuando con mucha mayor eficiencia que antes y ha logrado asestar golpes importantes al tráfico de dicha sustancia. No obstante, entendemos que el problema, como tantos otros que preocupan a la sociedad, no puede resolverse exclusivamente con medidas represivas.

Al referirnos al asunto, dijimos en un editorial:
"Al igual que en muchos otros aspectos del comportamiento de los seres humanos, la experiencia de lucha contra la droga apoyada casi exclusivamente en medios punitivos no ha conducido a resultados positivos. La legislación represiva no ha tenido efecto disuasorio alguno; ni entre los consumidores, ni respecto de los traficantes. Vale la pena acotar que, aunque parezca obvio, bueno es no perder de vista el hecho de que en la medida que siga habiendo consumidores de drogas --e incluso que siga aumentando su número--, habrá cultivadores, procesadores y vendedores de sustancias tóxicas.

Ahora bien. Nadie discute que el Estado deba preocuparse por la salud de la población, y que en ese sentido proscriba el consumo de sustancias que objetivamente provocan estragos físicos y psíquicos. Pero todos sabemos que no basta con la prohibición, pues, de ser válido el criterio represivo, bastaría con declarar ilegales los males de la sociedad para terminar con ellos: desaparecerían de ese modo expeditivo la pobreza, el desempleo y hasta el déficit fiscal...

Es posible penalizar ciertas conductas antisociales, y así se ha hecho con el homicidio o el hurto, para citar dos ejemplos claros y clásicos. Y es posible, asimismo, que el hecho de que tales prácticas conlleven el riesgo de sufrir un cierto castigo opere como factor de desestímulo para aquel que --de no mediar el Código Penal-- las llevaría a cabo sin dudarlo. No obstante, todos sabemos también que cuando un individuo vive una situación límite, es harto difícil que se detenga a pensar en las consecuencias que puede traerle la infracción de las normas.

Pero en el delicado terreno de la drogadicción, la compulsión actúa de una manera tal que toda disuasión racional es absolutamente impensable y la prohibición se torna definitivamente inoperante. Ocurre que el consumo de drogas no obedece sino a una dependencia psíquica y fisiológica imposible de ser dominada por la razón o la voluntad. Por otra parte, independientemente de esa peligrosa característica de los estupefacientes, hay que analizar las causas que llevan a tantos jóvenes a recurrir a paraísos artificiales. Hay sin duda una necesidad de evadirse de la realidad; una realidad que no ofrece perspectivas tentadoras y que impulsa a los jóvenes a rechazar el mundo que los adultos les ofrecen.

Del mismo modo que el incremento de la violencia delictiva no se puede combatir solamente aumentando el rigor punitivo sino que requiere atacar sus causas, el consumo de drogas exige una profunda revisión del sistema de valores del mundo globalizado".

Nos consta que al frente de la lucha contra la droga tenemos actualmente un equipo integrado por profesionales de reconocida solvencia. De ellos esperamos acciones las adecuadas para combatir el flagelo.

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www.infodrogas.gub.uy