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 2004/DIC/06 - Últimas Noticias

CINCUENTA PERSONAS DECIDIERON TOMAR REFRESCOS EN BOLICHE DE LA CIUDAD VIEJA
Amplia respuesta tuvo primera experiencia de invitar a conductores a no beber alcohol


La voluntaria Marcia Lemos con el primer conductor participante de "Una noche por la vida", Álvaro Pan.

Cincuenta automovilistas que concurrieron el sábado pasado al boliche Cabildo Open participaron de una experiencia hasta ese momento inédita en Uruguay y la región, por la cual accedieron a tomar bebidas sin alcohol durante toda la noche a cambio de ingresar y tener dos consumiciones gratis.

Escribe KARINA PETROFF

Para muchos jóvenes ir a bailar y tomar alcohol van de la mano. Por esta razón, hace ocho años una francesa, llamada Elvire Jurgensen, creó "Una noche por la vida", una propuesta que pretende fomentar el consumo de refrescos entre los automovilistas que salen a divertirse por la noche.

En la madrugada del sábado, esta experiencia, ampliamente difundida en Francia y Europa, se aplicó por primera vez en el país. La incertidumbre sobre cómo iban a responder los montevideanos era grande, pero la respuesta asombró a sus organizadores.

El 65% de los conductores a los que se les planteó esta iniciativa aceptó participar de ella, dejar las llaves de su coche y posteriormente someterse a la prueba del espirómetro. En total, los voluntarios conversaron con 77 automovilistas, de los cuales 27 (35%) optaron beber alcohol aunque después debieran conducir.

Jurgensen señaló a Ultimas Noticias que el resultado fue ampliamente satisfactorio. "Las personas mostraron una cabeza y actitud muy abiertas", enfatizó la creadora de este proyecto.

En este sentido, indicó que los resultados de esta primera experiencia fueron mejores que cuando se puso en práctica en Francia en 1999, donde obtuvieron inicialmente el 25% de las llaves de los asistentes de los boliches; en la actualidad este índice supera en promedio el 80%.

"Estos números nos plantean un gran desafío porque hay un 35% de personas que, a pesar de que al regreso debían manejar, optaron por beber alcohol", puntualizó Jurgensen.

Otro de los puntos destacados por los organizadores es que el total de los participantes pasaron con éxito la prueba del espirómetro, sin sobrepasar el límite permitido


EL PRIMERO

Alvaro Pan, de 43 años, fue el encargado de romper el hielo y ser el primero en animarse a participar pasadas las 11 de la noche. "Conocí la propuesta hace unos días y me pareció interesante hacer la experiencia y transmitírselo a mis hijos", comentó luego de dejar la llave de su automóvil, que sería guardada hasta su salida en un panel, completar un formulario con su nombre y cédula de identidad, y ser sellada su mano.

A su entender, la relación entre alcohol y conducción es gravitante porque se ha abordado poco desde el ámbito oficial.

"En nuestra sociedad alcohol y divertimento están muy asociados, lo que no está mal, pero también se debe generar una cultura de la responsabilidad. A veces quienes manejan tienen la sensación ilusa de que conducen mejor si toman alcohol y eso también me sucedió", enfatizó.

Hasta ahora nadie muy cercano a él ha fallecido por esa causa, "pero no quiero esperar a que eso pase para tomar conciencia".

Hasta hace poco tiempo, Alvaro bebía alcohol cuando iba a las fiestas y luego conducía sin ningún remordimiento. Sin embargo, un día le sucedió algo que le hizo recapacitar sobre su conducta.

"Una noche había ido a una comida, bebí alcohol y al otro día no recordaba cómo había llegado a casa. Ahí me cayó la ficha. No tuve un incidente pero eso me hizo reflexionar", subrayó.


LOS VOLUNTARIOS

Los encargados de abordar a la clientela de Cabildo Open fueron 10 voluntarios de hasta 30 años. Para desarrollar su tarea, no recibieron capacitación alguna porque se esperaba que el relacionamiento fuera lo más espontáneo y natural posible.

Virginia Fernández, de 18 años y estudiante de Ciencias de la Comunicación, fue una de las voluntarias. "Me enteré de la propuesta por un programa de televisión. Me pareció muy interesante porque veo que muchos jóvenes están desperdiciando su vida con el alcohol". Por ahora no es conductora, pero ha conocido a gente joven que ha fallecido por causa de accidentes de tránsito y ese es uno de los alicientes para formar parte del proyecto.

Martín Pérez, de 23 años, fue otro de los participantes. "Lo que más me gustó es que el diálogo sea de joven a joven. En la charla todo es buena onda, sin represión", indicó. Personal trainer y barman, confesó que le encantan los tragos suaves y probar bebidas nuevas, pero siempre que maneja no toma. "Vale demasiado mi vida, la de mis amigos y la de la gente que camina por la calle para que yo cometa esa inconciencia".

Gustavo Ferré, de 30 años, y Marcia Lemos, de 19 años, fueron los otros dos voluntarios que intervinieron en la primera hora de "Una noche por la vida". A Marcia el tema le llega muy de cerca porque un amigo falleció como consecuencia en un accidente luego de haber bebido en un boliche. "En ese momentos nos concientizamos de que no se debía tomar alcohol si se conducía", aseguró.


La consigna

"Una noche por la vida" consiste básicamente en que jóvenes voluntarios reciben a los clientes que ingresan a la discoteca y, sin obligar ni molestar, proponen a los grupos que designen a alguien como conductor del automóvil al final de la noche, quien se debe comprometer a no tomar alcohol.

La persona puede entrar a la discoteca y tener dos consumiciones de refresco en forma gratuita; el resto puede beber alcohol. En caso de que acepte la propuesta, debe entregar la llave de su coche a los voluntarios, la cual quedará guardada bajo seguridad en un panel iluminado. Para recuperar la llave deberá soplar, al final de la noche, en un espirómetro. Jurgensen aclaró que todo se hace en un clima agradable, sin presiones, para que nadie se sienta incómodo.


Proyecto seguirá después de las fiesta

Jurgensen, de 23 años, llegó al país hace tres meses para realizar una pasantía en el Instituto de Comunicación y Desarrollo (ICD), lo que le permitirá culminar los estudios en ciencias políticas que desarrolló en París, adonde retornará a fines de enero.

En el marco de la pasantía, le propusieron realizar un proyecto similar al que desarrolló en las discotecas de Francia con "La ruta de los jóvenes", primera asociación francesa de prevención de accidentes concebida por y para jóvenes.

La idea es que, una vez que ella regrese a su tierra natal, continúe esta experiencia en otros boliches. Por esta razón, Jurgensen aclara que ella no está sola en este emprendimiento, sino que la acompañan distintas personas e instituciones nacionales que lo harán sostenible en el tiempo.

En la filial uruguaya de "La ruta de los jóvenes" participan activamente Germán Longone, director del Centro de Seguridad Vial y vicepresidente de la Comisión de Apoyo a la Educación Vial de Ciudad de la Costa, Omar Rodríguez, quien también integra dicha comisión, y Ana Mendoza, encargada de las relaciones públicas.

En cuanto a la continuidad, Longone aseguró que las experiencias continuarán después de las fiestas tradicionales, con el objetivo de implementarlas a lo largo de toda la costa.

Según Jurgensen, las discotecas se han mostrado muy interesadas en participar porque eso les permite generar una buena imagen ante la sociedad. "Es muy bueno porque, en primer, lugar se preocupan por sus clientes y no quieren que se maten a la salida del local. Además, tienen publicidad y el proyecto no significa una pérdida porque no se aplica todos los fines de semana ni a todos los concurrentes".

Ya se han establecido contacto con boliches de Paysandú, Salto, Punta del Este y San José. "Además, ya hemos hablado con otros de Ciudad Vieja, de forma de hacerlo con regularidad".

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