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 2005/DIC/31 - Últimas Noticias

La requisa tiene gran éxito pero el consumo no cede

Que el año se cierre con la cifra de 56 kilos de cocaína requisada no deja de ser un dato positivo en el cuadro del combate oficial contra la droga. Pero esos guarismos sólo cobrarían valor real si fueran comparados con otros, muy difíciles de ubicar: los del consumo de un mercado interno que parece ampliarse.

Un informe de la Brigada Antidroga, válida para todo el año que finaliza, señala que fueron requisados 56 kilos de cocaína, alucinógeno fuerte que no está al alcance de todos. Fríamente enunciada, la cifra deja la sensación de importante y sugiere un golpe de significación a sus distribuidores.

La captura, cuyo alcance no podemos medir porque no sabemos cuánta droga entró y fue consumida por sus compradores en idéntico lapso, comprende al material detenido en las terminales de transporte -principalmente aeropuertos- tanto como al que se confiscó mediante operativos practicados en el mercado interno.

Hasta hace tres años, esas requisas no superaban los veinte kilos. Las autoridades se limitaban a apretar las clavijas en dichas terminales, pero ya en 2003 y 2004 los guarismos habían ascendido a algo más de 40 kilos. El salto cuantitativo se dio desde el momento en que los controles se ejercieron con severidad en los ámbitos locales de comercialización.

Estamos hablando, como dijimos, de cocaína. En materia de marihuana y pasta base, por ejemplo, la Brigada privó a los traficantes de una tonelada de dichos productos. Tiene motivos, entonces, para sentirse satisfecha con su acción y con un trabajo coordinado, llevado a cabo con escasez de recursos pero con gran voluntad y -descontémoslo- honestidad en los procedimientos.

El apresamiento de esta fracción de droga puede servir a los vendedores para decir que, a partir de ella, la que queda "hay que pagarla más", pero al margen de esa circunstancia -que traduce, como siempre, el vínculo entre quienes dependen de sus vicios y quienes se aprovechan de ello- es importante saber cuánta droga circula en el Uruguay, cuánta llega realmente a manos de los adictos y cómo podemos conocer qué proporción representan, esos 56 kilos, en el cuadro completo del consumo uruguayo de alucinógenos.

Por los años 70, según recordamos, los ministros del Interior se quejaban de que nuestro país era un centro de distribución de droga para toda América Latina, pero no era gran consumidor todavía. Hoy, consecuencia inevitable de aquello, labramos nuestro propio destino como pueblo que quiere la droga y actúa a su influjo como los consumidores de países desarrollados.

Otra conclusión posible es que, si aumenta el volumen de las confiscaciones, puede ser también porque los distribuidores de nuestro país "importan" cada vez más: no sólo tienen a quién venderle, sino que, con los años, su mercado se agrandó. Bajo esta perspectiva, lo que surge como dato positivo puede no serlo tanto, y esto tienen que admitirlo tanto el Ministerio del Interior como la Junta Nacional de la Droga.

Todas las Juntas de esta clase, empezando por la DEA norteamericana, se ven envueltas, en mayor o menor grado y aun contra la voluntad de quienes las conducen, por un clima de burocratismo que al fin de cuentas reduce su acción a simposios y seminarios. Con éstos los ciudadanos, consumidores o no, pueden aprender cómo dejar el hábito, lo cual ya es algo muy útil. Pero no será posible, como se sabe, ir mucho más allá mientras los centros de decisión mundial sigan cediendo tanto terreno a la presión de los carteles y a una legión de adquirentes que un día sería capaz de "romperlo todo" si no encuentra con qué satisfacer su irrefrenable gusto. Mientras tanto, felicitemos a la Brigada Antidrogas por sus notables esfuerzos.

La lucha contra el narcotráfico continúa siendo uno de los desafíos más fuertes de la humanidad para el año que se inicia y, en realidad, para todos los años que se inician.

Los gobiernos deben renovar sus alertas y gastar, cada año, más y más millones en recursos para cubrir todas las rutas y los centros de distribución en el entendido de que, con ello, no sólo están preservando saludes individuales sino también la de grupos humanos de considerable populosidad y hasta sociedades enteras.

Nuestro gobierno, con los recursos de que dispone y con la ayuda que pueda recibir desde otros enjundiosos puntos de combate a la cadena del circuito alucinógeno, continuará poniendo el empeño que le ha permitido llegar a celebrar, con la moderación y las limitaciones que corresponden, este significativo logro.

De más estaría agregar que los centros educativos y el hogar de cada consumidor en potencia deben hacer el resto.

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www.infodrogas.gub.uy