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2005/AGO/05 -
Agustin Lapetina
Drogas: 'ni prohibición, ni legalización: educación'
El tema nos asalta a diario desde todos los medios de comunicación. Sin
embargo, la visión que éstos nos ofrecen de él no siempre se compadece con
la que se puede tener encarándolo desde un punto de vista estrictamente
profesional. Para obtener una opinión técnica autorizada acerca del mismo,
dialogamos con el sociólogo Agustín Lapetina, quien, además de haber
realizado una maestría en Políticas Sociales en el tema drogas y alcohol, es
coordinador de Alter - Acciones, el programa sobre drogas del Instituto de
Educación Popular "El Abrojo".
Por Luis Morales
El término "drogas" resulta ambiguo desde el punto de vista estrictamente
técnico, ¿no es así?
Si uno se entrega a la concepción general que hay acerca del término
"drogas", corre el riesgo de dejarse llevar por el sentido común que, como
decía un colega, "es el más reaccionario de los sentidos", el más
conservador, el más prejuicioso. Entonces está bueno reflexionar acerca de
lo que la palabra les dice a las personas que no necesariamente están
formadas en este tema específico. Cuando uno define la palabra "drogas" ya
se ve qué encare tiene, pero ésta es una temática que tiene múltiples
abordajes posibles: uno religioso, otro político y otro técnico -profesional. Entonces, desde una perspectiva profesional, se puede
dar una definición bastante clara de lo que es una droga, de ahí que
nosotros decimos que drogas son todas aquellas sustancias químicas, de
origen natural o sintético, que una vez que ingresan al organismo modifican
la percepción de la persona, su estado de ánimo o su nivel de conciencia
sobre la realidad y que, en general, en las sociedades urbanas y occidentales son usadas con propósitos no médicos. Dentro de esta definición
entran cientos de sustancias químicas, algunas naturales y otras sintéticas,
más allá del carácter legal o ilegal que puedan tener; que es más bien un
producto cultural que tiene que ver más con razones políticas y económicas
que con razones técnicas de salud pública. Es por eso que en esta definición
entran toda una batería enorme de drogas legales: mate, té, café, alcohol,
nicotina, aspirina, chocolate y una cantidad de drogas de comercialización
ilegal en Uruguay, que son las que están en las listas negras de Naciones
Unidas: marihuana, pasta base, cocaína y sus derivados, floripón, hongo
Cucumelo, LSD, etcétera. Nosotros manejamos esa lectura particular que es
técnica.
Otro tanto ocurre con la dicotomía "drogas blandas" / "drogas duras".
Exactamente, esta dicotomía responde a criterios de sentido común que son
importantes, pero que técnicamente no tienen evidencia empírica que los
sustente. Las categorías: drogas legales o ilegales; drogas duras o blandas;
drogas buenas o malas; el abuso de drogas, son todas visiones muy sesgadas y
contaminadas con valores morales, que es justamente lo que hay que sacarle a
este tema, por estar el mismo ya demasiado cargado de supuestos valorativos.
Este ha sido uno de los desafíos mayores que hemos tenido las personas que
pretendemos abordar el tema desde un punto de vista técnico: tener una
visión lo más neutral posible desde el punto de vista valorativo, lo más
exacta posible -claro que con el sustento ético que tiene la ciencia- pero
la ciencia es no moral, no está para dictar sentencia acerca de cómo se
deben comportar las personas.
Sí hay algunas sustancias más adictivas que otras, incluso entre las
legales...
El tabaco y el alcohol son dos conjuntos de drogas de las más adictivas de
la historia de la humanidad, conjuntamente con los opiáceos: morfina,
heroína, etcétera. Si nos ceñimos al criterio de "dureza" o "blandeza", que
es uno: la capacidad de la sustancia de generar dependencia física; sí
podríamos decir que hay drogas más adictivas desde un punto de vista físico
y psicológico que otras. El tabaco, el alcohol y los opiáceos son mucho más
adictivos que el mate, la cocaína, la marihuana o las anfetaminas.
¿Qué otros criterios existen para evaluar este tema específico?
Como para evaluar el tema de la "dureza" o la "blandeza" de la sustancia no
alcanza con el de si genera dependencia física, hay otros, por ejemplo: las
características del sujeto que la consume y la circunstancia en la que la
consume. Si un niño fuma porro a los siete años, independientemente de que
ésa sea una droga que no tiene mucha capacidad de generar dependencia
física, sí pone al sujeto en mucho riesgo porque es un sujeto en desarrollo,
que no está preparado para consumir eso. Lo mismo ocurre si alguien consume
marihuana y pretende conducir un auto a alta velocidad o subirse a un
andamio para hacer una tarea de coordinación fina, o manejar una sierra
eléctrica. En este caso son sustancias de baja adictividad, pero que la
situación de consumo y la persona que la consume, hace que el riesgo (que
siempre es la relación entre la persona, la sustancia y el entorno) se torne
grande.
A veces se cree que es la sustancia la que tiene poder...
Una de las consecuencias más profundas, sutiles y nefastas que ha dejado el
régimen prohibicionista en la subjetividad colectiva e individual de las
sociedades modernas del siglo XX y XXI es justamente partir del a priori
indiscutible de que las sustancias tienen un poder tal que los seres humanos
no vamos a poder trabajar con ellas ni regularlas; de que no somos ni
siquiera capaces de generar estrategias de regulación y que: o consumimos dependientemente o somos abstinentes. Un modelo
dicotómico, en blanco y negro, de la comprensión de la realidad. Que está
asociado y en el corazón mismo de la prohibición que, paradójicamente, le da
todo el poder a la sustancia y le quita todo el poder al sujeto. En contra
del principio que supuestamente estaría defendiendo, que es defender al
individuo. No hay estrategia peor para defender un individuo que imponerle
lo que tiene que hacer y no dejar que el sujeto, a través de la experimentación o lo que sea, pueda ir encontrando un mecanismo de
autorregulación propio que sea a medida y que le permita relacionarse de la
manera más eficiente y lo menos dañina posible con las cosas que le dan
placer.
Uno de los mitos más difundidos acerca de las drogas pretende que si uno
prueba, indefectiblemente, se va a hacer adicto.
Desde el punto de vista técnico, lo que muestran las investigaciones es que
en general hay diferentes formas en que las personas se pueden vincular con
las sustancias. Algunas personas hacen un uso de tipo experimental y luego
dejan; otras pasarán a hacer un uso de tipo ocasional (en ciertas
situaciones); hay un pequeño subconjunto de las personas que usan
sustancias, que llamamos "usuarios de tipo habitual", que son los que
consumen todos los días esa sustancia, sea ésta mate, café, marihuana,
cocaína o alcohol; y luego están los usuarios dependientes que son un
porcentaje mucho menor. En términos generales, se estima que de las personas
que prueban una sustancia -ya sea ésta legal o ilegal- entre un 8 % y un 12
% terminan desarrollando una dependencia, el resto quedaría englobado en
patrones de consumo que en general son menos problemáticos que la
dependencia. Lo cual depende de la sustancia; no son los mismos estos
porcentajes en la pasta base o el alcohol que en la marihuana o el café.
Pero la dependencia no es el único problema que traen las sustancias, por
ejemplo: uno puede tomar todos los días café y tener un problema importante
de salud como es una gastritis crónica, y no se depende de la sustancia, hay
una habituación psicológica, psíquica de ella, pero no una dependencia
física fuerte.
¿Las drogas no siempre se usaron igual que ahora?
Si bien las drogas han acompañado al ser humano a lo largo de toda su
historia, es claro que ha habido un cambio radical en los sentidos que las
personas le dan al uso de drogas. En los últimos cinco mil años, hasta 1850,
1900, las drogas se consumían con fines de tipo religioso o médico -
terapéutico, por decirlo de alguna manera, y en esa época había muy poco uso
de drogas con fines recreativos, festivos, de búsqueda del placer por el
placer en sí mismo; pero en el siglo XX se invierte totalmente ese
equilibrio de uso de drogas y hoy asistimos a que los adolescentes, jóvenes
y adultos las usan -a las drogas legales e ilegales- con fines de búsqueda
de placer, de sentir el cuerpo y la mente de una manera diferente, para
relacionarse de una manera distinta, pero no con fines religiosos ni médicos
en su gran mayoría. Este es un cambio radical en la historia de la
humanidad, que requiere que las sociedades se preparen para dar respuestas
efectivas a ese cambio y no repitan respuestas que quizá funcionaron para
otro momento histórico, pero que para hoy no funcionan.
¿Tiene el sistema legal uruguayo puntos débiles con respecto al tema?
Esto no se puede desvincular de lo que es el sistema legal en el mundo. Las
normativas legales sobre el tema drogas hay que ponerlas en el contexto de
análisis de lo que son las leyes vigentes a nivel internacional y lo que es
la regulación de la producción, tráfico y consumo de sustancias. Que son las
convenciones de Naciones Unidas: 61, 71 y 88, pero que empiezan como movida
política en el mundo a principios del siglo XX, en 1904, con la primera ley
de la comercialización y consumo de opio. La ley uruguaya se inscribe en el
marco de lo que son las leyes latinoamericanas -promulgadas en la década de
los 70-, pero que tiene algunas particularidades interesantes que es bueno
rescatar: la ley uruguaya, es una ley que si bien respeta los criterios
generales de las convenciones de Naciones Unidas, es bastante liberal para
América Latina en la concepción que tiene del uso de drogas y de la
respuesta que da al uso de "drogas ilegales". En Uruguay, por ley, no está
penada la tenencia para consumo personal de ninguna sustancia. Sí está
penada la tenencia para la comercialización, así como la producción y la
venta. En Argentina, Brasil y el resto de los países latinoamericanos está
penada la tenencia para consumo personal.
¿La policía está capacitada para trabajar en este asunto?
Sí. Ha habido jornadas de capacitación a través de ONG's y la Junta Nacional
de Drogas. Pero la policía, más allá de que no tenga el conocimiento
lexicológico, que tampoco lo necesita, lo que tiene es el conocimiento que
le da la calle, el estar en la vida cotidiana. En lo personal, trabajar con
la policía, ha sido de las experiencias más gratificantes que he tenido.
Tienen una cabeza muy pragmática para abordar el tema, lo cual es una
ventaja.
¿Qué resultados se han logrado en aquellos países en que se legalizaron
ciertas sustancias como la marihuana.?
En los países donde se ha regulado formalmente el mercado de la comercialización de marihuana, como es el caso de Holanda, donde uno puede
ir a un free shop y comprar 25 gramos de un derivado cannabis, marihuana o
hachís, entre las cosas más importantes que se han visto están: primero, una
separación clara de los mercados; por un lado se venden marihuana y hachís y
las otras sustancias quedan sujetas a la red de comercio ilegal; lo segundo,
y ésta es la consecuencia más importante, es que no aumentó el número de
usuarios de cannabis como resultado de un acceso no penado a la compra y
tampoco a las personas que ya la usaban. Es decir: ni usan más personas, ni
las personas que ya la usaban, tienen más problemas. Para ser un poco
didácticos: en Estados Unidos, que es el régimen más prohibicionista en
términos de la relación que tiene el Estado con el consumo de drogas,
experimentan con marihuana el doble de las personas que lo hacen en Holanda
o los Países Bajos. Esto muestra que el libre acceso a una sustancia no
lleva necesariamente a un consumo masivo y mucho menos a un daño incontrolable que lleve a la persona a no poder gobernar su vida.
La ilegalidad trae aparejado además el problema de la pureza de las
sustancias que se consumen, ¿no es asi?
Sí, en general, el eslabón más débil de la prohibición es el usuario. Porque
es el sujeto que tiene que inventar estrategias para garantizar condiciones
básicas de consumo. En un entorno de prohibición, donde no puede controlar
la calidad; muchas veces no puede controlar la dosis, porque no sabe la
pureza de la sustancia; no puede consumir en ningún lado en forma segura, y
tiene siempre cierta paranoia; como el usuario no puede garantizar todos
esos procesos termina siendo, no sólo física sino psíquicamente, el eslabón
más débil de un régimen que en esencia no beneficia a nadie. El régimen
prohibicionista se ha ido desmoronando en la conciencia colectiva de muchas
sociedades, así como en los decisores políticos y no tiene credibilidad,
entre los técnicos que trabajamos en él, en ninguna parte del mundo.
¿Cómo aportar para tener políticas de drogas más justas y humanas que las
actuales?
Drogas se han consumido siempre en la historia de la humanidad, hay miles de
usos posibles para ellas, y casi todas las sociedades del mundo han diseñado
mecanismos de autorregulación colectiva, sanciones informales, para que las
personas individualmente, puedan relacionarse de la forma más beneficiosa
posible con la droga reduciendo los riesgos. Eso lo ha hecho la humanidad en
los últimos cincuenta mil años, entonces una estrategia más sana sería
preguntarnos: ¿qué ha aprendido la humanidad en los últimos 49.900 años en
términos de mecanismos sociales para regular cómo las personas nos
relacionamos con las cosas que nos dan placer, entre ellas las drogas? Poder
aprender de eso y no caer en el facilismo de creer que la cosa pasa por una
solución jurídica. Para mí: ni prohibición, ni legalización. Los cambios
necesarios son culturales y trascienden la norma jurídica. La solución
jurídica es un eslabón, lo central es la educación.
¿Cómo se habría de encarar el tema a la hora de educar a la juventud?
Uno de los ejes que tendrían que tomar las políticas uruguayas en el tema de
la educación es rescatar, justamente, la esencia de lo que es la palabra
educación, volver a sus raíces. La educación debe ser para la libertad,
educar a la persona en sus potencialidades, educarla para el ejercicio del
discernimiento y de sus derechos y responsabilidades. Naturalmente, lo que
nos están mostrando las estadísticas en Uruguay es que la gran mayoría de
los adolescentes consumen mucho alcohol, mucho tabaco y muchísimos, quizá en
la relación de uno a cuatro, han experimentado ya con marihuana en los
primeros años de la adolescencia (14, 15, 16 años). Esto debería ser un
indicador de que, si queremos trabajar en la institución educativa
secundaria -en el liceo, pero habría que empezar a trabajar esto en la
escuela- habría que centrar las estrategias pedagógicas en una educación
para la gestión de riesgos. Lo cual tiene que ver con los comportamientos
que los adolescentes abordan normalmente como parte de crecer sanamente en
el Uruguay; esto es: gestión de riesgos en comportamientos sexuales,
deportes extremos, violencia, consumo de drogas -alcohol en primera
instancia, tabaco y otras sustancias también-. Creo que la educación debería
abordar este tema pragmáticamente, desideologizadamente y abordando el tema
droga poniendo en el centro a los adolescentes, su psicología, los sueños y
necesidades de un gurí que puede tener 13, 14 ó 15 años. Poder trabajar con
ellos en talleres en los cuales se pueda compartir información sobre los
efectos y riesgos, discutir mitos; por ejemplo, a través del análisis de la
publicidad, los mitos asociados al tabaco y al alcohol; ensayar estrategias
de toma de decisiones que vayan en el sentido del autocuidado de la salud,
del respeto a las decisiones de los otros, de la inclusión y no de la
discriminación: Esos son los temas que se habrían de trabajar en la
institución educativa desde tempranas edades, cuando el gurí entra a primero
de escuela. Es hora de que este tema pase a ser parte de una política
educativa integral y sustentable, que se lo trate seriamente, como parte de
la curricula y de la realidad adolescente de hoy en Uruguay. |