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08/08/14 Foro internacional

Protección social, salud e inclusión son los ejes del trabajo en gestión de riesgos y daños

La inclusión de la perspectiva de derechos humanos en las políticas de drogas y en la gestión de riesgos y daños fue el eje del Foro de gestión de Riesgos y Daños que organizó entre el 6 y 7 de agosto la Junta Nacional de Drogas. Para los expertos, esta política adoptada por la JND desde 2005 brinda herramientas para trabajar con la comunidad. El objetivo es mejorar el acceso de estos usuarios a los distintos servicios de salud.

El enfoque de gestión de riesgos pretende mejorar la calidad de vida de los usuarios que no quieren o no pueden dejar de consumir, y también mejora la calidad de vida de su entorno familiar y comunitario.

En ese contexto, el encuentro contó con la participación de la federación de usuarios de drogas, referentes comunitarios de los dispositivos Ciudadela y otras organizaciones sociales. Además participaron los referentes de las Juntas Departamentales de Drogas de la región que trabajan en la temática y que dieron su visión sobre el abordaje del consumo problemático de drogas desde una perspectiva de salud pública y derechos humanos.

El foro estuvo co-organizado entre la Junta Nacional de Drogas, a través del Departamento de Prevención y la Secretaría de Reducción de Riesgos y Daños; Instituto de Derechos Humanos; Ministerio de Desarrollo Social; Instituto Nacional de la Juventud, Federación de Usuarios y Organizaciones Sociales; que conformaron una mesa preparatoria tres meses antes del evento.

El primer día se realizó una conferencia central con participación de expertos extranjeros que colocaron los aspectos principales del enfoque de la gestión de riesgos y daños sobre la mesa a un auditorio amplio y diverso; en la tarde tuvo lugar el taller de conceptualización usando una metodología participativa, presentándose seis personajes con sus respectivas historias de vida que dispararon la discusión en el auditorio.

El segundo día se estructuraron tres mesas temáticas con dos espacios paralelos cada una: una mesa llamada “sustancias”: alcohol y cannabis en las que se discutió fuertemente el proceso del marco regulatorio en relación estas dos sustancias. Una segunda mesa denominada “Contextos: Comunidad y Educación”, dos espacios privilegiados para pensar la gestión de riesgos y daños. La tercera mesa “Cocaínas fumables y vulnerabilidades específicas: exclusión grave y género”, se dedicó fuertemente al enfoque de gestión de riesgos y daños con usuarios de cocaínas fumables.

Para la responsable de la Secretaría de Reducción de Riesgos y Daños de la Junta Nacional de Drogas (JND), Esperanza Hernández, se trató del puntapié inicial de un proceso de encuentro entre operadores, técnicos, expertos extranjeros y nacionales y algunos colectivos de usuarios que de alguna manera inauguran una forma nueva de diálogo.

Sí existen propuestas y proyectos desde hace muchos años en nuestro país; el foro puso a dialogar diferentes actores, e incluyó a los colectivos de usuarios en este intercambio

“En esta idea que tenemos de comenzar a legitimar el enfoque de reducción de riesgos y daños, un primer paso es la participación de los usuarios, por lo menos en pensar con nosotros”, enfatizó la técnica de la JND.

Durante el encuentro, se dialogó entorno a los grandes temas de políticas de drogas relacionados con la normativa de alcohol, cannabis y situaciones de exclusión grave.
Hernández sostuvo que Uruguay tiene una red sanitaria y de protección social muy fuerte pero reconoció, no obstante, que, existen dificultades de acceso a dichos servicios por parte de los usuarios de drogas.

“Esos servicios están en el territorio, tienen muchas especialidades pero no son  amigables con los usuarios, creo que es el desafío mayor en gestión de riesgos y daños que nosotros como país; tenemos los servicios, lo importante es que las personas lleguen a esos servicios”, puntualizó Hernández.

De todos modos, puntualizó que el aporte de expertos extranjeros permitió a los técnicos nacionales confirmar que el país ha avanzado significativamente en consolidar el enfoque y la construcción de la política “de abajo hacia arriba”.

“Es necesario que se combine con la política de arriba hacia abajo; o sea, aquellas líneas de trabajo que están en la estrategia tienen que tener un encuentro con lo que sucede en el territorio para que no aparezca esta gran dicotomía - que a veces aparece-  que decimos que hacemos gestión de riesgo pero en realidad en el territorio no se hace”, advirtió.

Experiencias externas

La visión de expertos extranjeros que trabajan en temas vinculados con la problemática de drogas, fue un aporte esencial para el debate sobre el trabajo en riesgos y daños.

El psicólogo chileno, Mauricio Sepúlveda, investigador y docente del Departamento de Psicología de Universidad de Chile,  manifestó la necesidad de “girar” las políticas de drogas hacia un paradigma que recupere dos elementos básicos: el elemento de protección de la ciudadanía en base a los derechos sociales, brindándole certezas en términos laborales y sociales y el reconocimiento del usuario como sujeto que puede cambiar y trasformar su vida.

Sepúlveda enfatizó que vivimos en un mundo donde las posibilidades de daño son ciertas, no solo en materia de drogas. Por eso, remarcó la necesidad de  extender esa protección hacia las personas que sufren ciertos embates en la vida.

Protegerlos, agregó, diseñando ciertos dispositivos para que puedan acceder a los servicios de salud y a los servicios sociales para atender en su conjunto su vulnerabilidad.

A su juicio, el otro eje se centra en reconocer que el usuario es una persona con capacidad de volver a tomar las riendas de su vida.

“El camino que emprende Uruguay es ejemplar y creo que todos tenemos puestos los ojos para que vaya bien este proyecto del Gobierno y realmente creo que ha ayudado mucho a que esta discusión se ponga sobre la mesa en todo el resto de América Latina”, puntualizó el experto chileno refiriéndose a la nueva legislación que regula estrictamente el mercado de cannabis.

“Chile es uno de los países más conservadores en materia de políticas de drogas; hoy ha abierto el debate lo que se mira con muy buenos ojos tanto por los expertos como por los académicos”, manifestó.

Refiriéndose a la experiencia de trabajo en su país, Sepúlveda realizó una lectura integrada de los planes y estrategias nacionales de drogas y advirtió que la noción de riesgos ha sido utilizada de múltiples formas: para segmentar poblaciones, para identificar comportamientos desviados, para identificar predisposiciones psíquicas, entornos o contextos , para monitorear logros políticos como plataforma analítica así como para referir al conjunto de acciones socio-institucionales relacionadas con el manejo social y control de los riesgos.

El análisis de los documentos permite rastrear y reconstruir el proceso mediante el cual el riesgo, como tecnología y como racionalidad, es incorporado al discurso gubernamental de las drogas.

En esa dirección es posible reconocer al menos cuatro momentos: la primera fase a la que llama dispositivo de amenaza y peligrosidad; el segundo dispositivo bioterritorial; el tercero de regulación y el cuarto de hiperfocalización.

Para Sepúlveda, lejos de sucederse una a otra en forma lineal, se acoplarán entre sí, conformando una red semiótica, una madeja de elementos heterogéneos que harán no solo inteligible el riesgo en el campo de las drogas sino que posibilitan su gobierno.

El experto chileno remarcó que si bien se trata de dos conceptos próximos, estos no serían idénticos pues la disminución del riesgo se encuentra más próxima a la prevención mientras que la reducción del daño atañe más a la faceta asistencial.

Pero Sepúlveda aclara que a su juicio tanto el riesgo como el daño son conceptos que obedecen a dos tipos de racionalidades ético-políticas muy distintas entre sí con fuertes implicancias epistémicas

Brazos Abiertos

Las expertas brasileñas Patricia Maia Von Flach y Myres María Cavalvanti, mostraron algunas de las experiencias que se llevan a cabo particularmente en San Pablo y Salvador de Bahía en rehabilitación de usuarios de drogas.

Patricia Maia Von Flach, psicóloga brasileña y consultora técnica en cursos de prevención de los problemas relacionados con el uso de drogas de la Universidad de Santa Catarina, hizo especial hincapié en referirse al concepto de prevención de daños en lugar de prevención del uso de drogas.

Mostrando el trabajo que se realiza en Salvador de Bahía en esta temática, explicó que la reducción de daños es un método construido por los propios usuarios de drogas que restablecen un cuidado de si mismos, siendo co responsables por la producción de la salud.

La experta explicó que las intervenciones en la reducción de daños buscan facilitar al individuo El reconocimiento de la condición de usuario de drogas.

“Entendemos que posibilitar esta convivencia se constituye como una acción de contra-estigmatización”, sostuvo la experta brasileña quien explicó que la iniciativa busca promover un vínculo del individuo hacia las redes sociales a lãs que identifica como protectoras.

Esta experiencia brasileña se basa en la instalación de una unidad que permite ofrecer a los usuarios de sustancias psicoactivas en situación de extrema vulnerabilidad social, la posibilidad de fomentar  el cuidado de su salud a través de acogidas e intervenciones breves, apoyadas en prácticas de promoción de salud, prevención y reducción de riesgos y daños relacionados con el consumo de alcohol y otras drogas.

El dispositivo móvil, un contenedor acondicionado para tales fines, está compuesto de una recepción, un baño, ducha y una sala de tratamiento y se puso em marcha em mayo de este año.

Su colega brasileña, Myres María Cavalcanti, especialista en medicina preventiva y social y coordinadora del Área de Salud Mental, Alcohol y otras Drogas del Municipio de San Pablo, se refirió a “Brazos Abiertos”,  un programa que trabaja con consumidores de crack en San Pablo.

En la región conocida como "Cracolandia", el gobierno municipal puso en marcha en julio de 2013 un proyecto de rehabilitación para los consumidores de crack que se concentran en la zona. Durante el primer mes de funcionamiento de la "Operación Brazos Abiertos" en 2013, 213 personas iniciaron tratamientos de desintoxicación.

El objetivo de este programa es construir redes sociales para atender a estos usuarios en el marco de un servicio integral de salud en el que se han atendido hasta el momento a unas 400 personas de las cuales 40 se han insertado en el mercado laboral, destacó Cavalcanti.

En este marco, subrayó que se logró el respeto y el cambio de imagen de los usuarios de drogas, la capacitación del personal policial y la inserción de los usuarios en situación de calle en la construcción de las políticas públicas.

Mirada más amplia

Por su parte, la trabajadora social argentina, Graciela Touzé generó una reflexión sobre lo que son, a su entender, dos dimensiones fuertemente interrelacionadas en el enfoque de reducción de daños: las claves instrumentales y una dimensión ético-política.

“Lo que quise plantear fue cómo este pasaje y estas décadas nos dejaron una serie de líneas instrumentarles muy fuertes que tiene que ver con intervenciones en los territorios de tipo comunitaria, con trabajo en red, con una ampliación de esa mirada netamente sanitarista -como pensábamos la reducción de daños en sus orígenes- a una mirada que incorpora lectura  desde la teoría de representaciones sociales, desde la salud colectiva, desde la educación popular, desde una cantidad de vertientes”.

Touzé, quien representó a América Latina en el comité directivo del Consorcio Internacional sobre Políticas de  Drogas entre 1999 y 2000, reafirmó que la perspectiva de derechos humanos en la temática de drogas es esencial.

“Se debe reconocer en los consumos problemáticos de drogas una situación que afecta la salud pero fundamentalmente una situación que está atravesada por condiciones de exclusión social y entonces la respuesta no puede ser solamente ligada a los sanitaristas”, puntualizó.

Todo ello, añadió, a veces no es visualizado en la dimensión ético-política.

“Se ha invisibilizado el hecho de que la fortaleza  de este enfoque de reducción de daños es mucho más que una estrategia de trabajo; es otra concepción de los usos de drogas para poder a cabalidad interpretar a los usuarios de drogas como un sujeto de derechos y esto implica una ética de la relación con el otro que cambia radicalmente el vinculo”, añadió.

Cambia el vínculo porque lo plantea como un sujeto y no como un objeto de intervención, insistió.

“Un sujeto en construcción de su autonomía plantea nuestro posicionamiento como profesionales en términos de acompañarlo en esa construcción”.

“Me parece que en términos políticos nos interpela a una fuerte acción en términos de transformación social en las políticas hegemónicas en materia de drogas, un cuestionamiento profundo a este paradigma de la prohibición que ha traído tantas consecuencias negativas”, continuó reflexionando.

Para Touzé, pensar este enfoque de reducción de daños y riesgos implica pensar en diferentes niveles de intervención; un nivel de lo singular del trabajo con el sujeto; un nivel de trabajo con la comunidad y un tercer nivel de trabajo en lo estructural.

La coyuntura que está atravesando Uruguay con la implementación de la regulación del mercado de cannabis, manifestó finalmente, va fuertemente en esa dirección y va a ser un aporte para toda la región en términos de poder demostrar que estos cambios son posibles.

Escuchar declaraciones de Esperanza Hernández (MP3)

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