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05/09/14 Políticas sociales

Dispositivos de base comunitaria actúan como sostén social de poblaciones vulnerables

Centros de escucha, equipos de proximidad y puntos de encuentro, son algunas de las modalidades que los dispositivos de base comunitaria han tomado, favoreciendo la ampliación de la oferta local a la medida de las necesidades y recursos de cada territorio. Todos apuntan a lo mismo: la construcción de un sostén social que combata la vulnerabilidad de los usuarios con consumo problemático de drogas.

Diariamente, entre 13 y 15 jóvenes de entre 18 y 35 años trabajan en los distintos talleres de producción de “El Achique”, uno de los seis dispositivos de tratamiento de base comunitaria instalados en la capital con apoyo de varios organismos del Estado, empresas de la zona y agentes comunitarios.

La jornada empieza temprano con un desayuno que posibilita a los jóvenes intercambiar experiencias e interactuar con técnicos y educadores.

A ellos, se suman sobre el mediodía otros cuatro jóvenes que integran una cooperativa social, recientemente formada, y que completan su jornada laboral integrándose a las tareas de “El Achique”.

El dispositivo, instalado en el corazón del Cerrito de la Victoria, atiende a unos 100 usuarios anualmente, consumidores problemáticos de pasta base, mayoritariamente varones de entre 18 y 35 años en situación de exclusión social grave, que viven en la cuenca de Casavalle y otros barrios aledaños.

Apunta a generar un ámbito saludable en el que el usuario pueda disminuir la exposición al consumo. Allí acceden a abordajes terapéuticos y a actividades formativas como talleres de cocina saludable, de arte y educación corporal, boxeo, taller de prevención de recaídas, derechos ciudadanos y cooperativismo. Reciben además tratamiento psicoterapéutico individual y un espacio de apoyo a la educación formal.

Cuando un usuario golpea  las puertas de El Achique, en la primera entrevista se establece su mapa de ruta para determinar por dónde se comenzará el tratamiento y cuales son las prioridades del usuario que pueden pasar por la alimentación, higiene,  vivienda,  inserción en un refugio o acceso al documento de identidad, informó la coordinadora, Claudia Crespo.

“Después se va viendo lo que tiene que ver con el consumo de una sustancia, pero se trata de integrarlos al barrio desde sus habilidades y no desde sus debilidades”, comentó la técnica.

Crespo hizo hincapié en señalar que la propuesta de El Achique  tiene que ver con la seguridad ciudadana, ya que los usuarios en tanto se integran a su barrio y se recuperan, son ciudadanos activos. “Es un modelo de reducción de riesgos y daños, por lo tanto lo que tratamos es disminuir la exposición al consumo y a los riesgos”, agregó.

Estrategia de cercanía

Si bien los seis dispositivos disponibles en Montevideo adoptan distintas modalidades, el objetivo es el mismo: llegar a la población más vulnerable con consumo problemático de drogas y difícil acceso al sistema de salud, para ayudar a su inserción en la comunidad desde el reconocimiento de sus derechos como ciudadano.

Para los técnicos de la Junta Nacional de Drogas (JND), el enfoque local favorece una mejor respuesta de las ofertas socio sanitarias y un mayor compromiso de técnicos y vecinos en el abordaje del uso problemático de drogas.

A partir del año 2010, la JND comenzó a definir acciones de intervención territorial en drogas, con la articulación de actores y la conformación de redes locales, definiendo en algunos enclaves una agenda de trabajo conjunto interinstitucional y comunitario.

En ese contexto, se conformó un equipo interinstitucional, con participación de ASSE, Ministerio de Desarrollo Social (MIDES), Instituto del Niño y Adolescente del Uruguay (INAU), Policía Comunitaria, Intendencias de Montevideo y Canelones, Facultad de Psicología y Organizaciones de la Sociedad Civil (OSC) que dieron sustentabilidad a este proceso.

Actualmente funcionan distintos dispositivos en diferentes modalidades: la Policlínica "La Teja Barrial" es un dispositivo de orientación, asesoramiento, diagnóstico y derivación ambulatorio diurno que funciona  en Carlos Tellier 4442 y atiende en diferentes horarios durante toda la semana.

El "Centro de Escucha de Carrasco Norte", también es un dispositivo de orientación, asesoramiento y diagnóstico ambulatorio, que opera como equipo de proximidad en Av. Bolivia 2591, de lunes a viernes en diferentes horarios.

Otra opción de base comunitaria es el "Punto de Encuentro de Punta de Rieles", un dispositivo con las mismas características que los anteriores que trabaja en el kilómetro 14 de Camino Maldonado los jueves de 14 a 19 horas.

El Punto de Encuentro "Lagarto San Antonio” de Malvín Norte, en Hipólito Irigoyen e Iguá, trabaja los viernes de 11 a 14 horas a lo que se agregan otros días y horarios móviles para el acompañamiento de situaciones puntuales.

“El Achique” de Casavalle, un centro de escucha, de acogida, equipo de proximidad, ambulatorio y diurno que tiene atiende en Manual Meléndez 4447 de lunes y viernes de 9 a 17 horas.

El dispositivo comunitario “Vista Linda”, un centro ambulatorio, centro de escucha e inserción social que funciona en José de la Riera en Canelones.

El "Centro de Información y Escucha CCZ3" en Estación Goes funciona los miércoles de 18.30 a 20.30 horas.

El Programa "Aleros", trabaja en distintos barrios capitalinos de la zona Oeste y Este.

El objetivo de la Junta Nacional de Drogas es que estos dispositivos sean replicados en el interior del país asociados a la creación de un centro Ciudadela en cada departamento, adelantó Andrea Toyos, del Departamento de Atención y Tratamiento de la JND.

La técnica confirmó que, en total, estos dispositivos atienden a unas 500 personas al año y que un número significativo de ellos logra su inserción social y laboral.

Trabajo de cercanía

Los equipos de los dispositivos se integran con técnicos de diferentes instituciones públicas, agentes comunitarios capacitados, usuarios y familiares, que realizan acciones de diagnóstico, derivación y tratamiento, al tiempo que buscan que las intervenciones mejoren la accesibilidad de las personas a las ofertas en el segundo y  tercer nivel.

Operan desde la perspectiva de derechos humanos e inclusión social, basados en acciones de enganche producidas con los propios usuarios y la movilización comunitaria, en los ejes de atención, tratamiento, derivación, acompañamiento, educación y trabajo.
Actualmente los dispositivos atienden a las poblaciones más vulnerables, que por su propia condición vital, quedan excluidos de otras propuestas de atención sanitaria.

Experiencia de "Aleros"

Otra experiencia exitosa de tratamiento de base comunitaria es el Programa “Aleros”, que en el oeste de Montevideo, es cogestionada por la policlínica “La Teja Barrial” y la División Salud de la Intendencia de Montevideo, unidad de la intendencia que  lleva poco más de dos años interviniendo en distintos barrios de las zonas Oeste y Este de la capital.

Los equipos técnicos, tres duplas por cada zona, captan personas que están en situación de consumo y vulneración social y que tienen pocas posibilidades de acceso a los servicios de salud, no solo sanitarios sino también sociales. “Creo que ese es el mayor papel que el programa ha podido desempeñar: construir esos puentes entre los servicios de salud y los usuarios que por sí mismo tienen dificultades de acceso”, comentó el psicólogo Alexis Duarte, coordinador del programa por la policlínica “La Teja Barrial”.

Los equipos de la zona Oeste trabajan en los barrios Paso de la Arena y los Bulevares; Cantera del zorro y Teja Norte, Colón y Lezica. En la zona Este, se trabaja en los barrios Puntas de Manga, Puntas de Rieles, Malvín Norte y Maroñas.

“Se hizo gran hincapié en trabajar con los vecinos, construyendo una demanda colectiva que no existía y desmarcándonos de los mitos y preconceptos sobre los usuarios. Hemos hecho trabajo de cercanía con las otras líneas de políticas sociales  porque todos apuntamos a un mismo objetivo: la construcción de un sostén social que combata la vulnerabilidad”, comentó el psicólogo José Luis Fernández, de la División

Salud de la comuna capitalina.

“Se trata de entrar en el entramado social; la recorrida por los barrios es una parte; también se trabaja con las referencias calificadas. Cuando alguien pide ayuda, “Aleros” está presente. Nos hicimos conocer y quedamos como un recurso válido en la comunidad. Los “Aleros” se mueven al encuentro de esa persona; si está en calle en calle, si está en domicilio en domicilio, comentaron.

Por eso, la rutina no existe sino la creatividad permanente. “No es que salimos a caminar por el barrio a ver que encuentro; el barrio ya tiene su vida, sus redes establecidas desde antes. Nosotros los acompañamos, articulamos, nos metemos en esas redes para ser visibles desde ese lugar”, insistieron.

En este contexto, el programa ha captado desde su inicio a  un total de 300 usuarios. “Toda ayuda en la construcción con el propio usuario requiera partiendo de la restitución de los derechos de la persona y en acuerdo con la voluntad, acompañarlo en un proceso que el usuario elige hacer”, apuntaron.

A juicio de Juan Fernández, profesor de la Facultad de Psicología de la Universidad de la República, el tratamiento que reposa en la intervención en la comunidad,  mejora las condiciones de vida de la misma y mitiga los niveles de sufrimiento social de personas que tienen un uso problemático de drogas.

Para el profesional, se trata de valorar las redes sociales en las cuales está inserto el usuario e intenta modificarlas para mejorar su calidad de vida y la de quienes habitan ese espacio o comunidad.

Dejar de consumir es una de las alternativas, advirtió Fernández. Otra opción es la modificación del régimen de los consumos, apostando a una transformación radical de las formas y niveles de consumo hacia otras que sean menos perjudiciales para la persona y su entorno.

Se trata, en definitiva, de una política de reducción de riesgos y daños.


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