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30/06/15 "Lagarto de San Antonio" en INVE16

Tres historias de vida con igual problemática y las mismas ganas de salir adelante

Claudia, Sergio y Andrés tienen como denominador común el consumo problemático de sustancias. Llegaron al Punto de Encuentro Lagarto de San Antonio, ubicado en el INVE 16 de Malvín Norte hace ya un tiempo, seducidos por la propuesta de encontrar un lugar de apoyo, de vivencias compartidas pero también de aseo y alimentación. Allí los integrantes del Programa Aleros de la Intendencia de Montevideo más talleristas y estudiantes de las facultades de Antropología y Psicología de la UDELAR los contienen desde el punto de vista afectivo y formativo.

A continuación transcribimos la charla que mantuvimos con cada uno de ellos en oportunidad de la conmemoración del Día Internacional del Abordaje del Problema Mundial de las Drogas promovido por Naciones Unidas. Y también con uno de los integrantes del Programa Aleros, Rodolfo Migdal.

Andrés – 33 años

¿Cómo es la experiencia de compartir tu tiempo en este Punto de Encuentro?

Para mí este lugar es como de mi familia, hace cuatro años que integro el grupo, estoy en situación de calle. A veces pasamos necesidades que nos llevan a situaciones que no quisiéramos pero desde que estamos en el Punto de Encuentro bajamos la pelota al piso. Nos cocinamos, nos aseamos, nos lavamos la ropa. Participamos de talleres donde hacemos cosas para niños y donaciones. La verdad que esto es terrible ayuda para nosotros.

¿Han incorporado rutinas?

Una rutina espectacular. Acá venimos los miércoles y viernes, son dos días especiales que lo vivimos tan ansiosamente que estamos deseando que lleguen para volver a empezar. La verdad que es algo sano. Cuando no estamos con ellos uno extraña y se refugia en algo que no es lo correcto. Ojo, no me justifico, pero uno en situación de calle…es la sobrevivencia. Lo que más queremos es que nos puedan ayudar para salir de la situación de calle.
Tengo 33 años, 4° año de Ciclo Básico, diploma de cocinero, pero por tener un antecedente no me dan trabajo.
El tema de ir al hospital es complicado porque no tengo para los viáticos, te soy sincero. Pero si tuviéramos la oportunidad…acá la tenemos pero no es tan segura como uno realmente necesita, verdad?
Algunos precisan un oculista, nos faltan muchas de esas cosas.

¿Pero ahora vas a comenzar una experiencia laboral, no?

Sí, ahora el 7 de julio empezamos un curso para entrar en la OSE, que es terrible oportunidad porque nos dan para el ómnibus y desayunamos ahí. Y todo depende de uno, de su evaluación laboral, si continúa o no. Yo de mi parte voy a poner todo, aparte ya tengo más o menos experiencia…Me voy a esmerar muchísimo…
Antes de terminar hay una cosa que quiero agregar: uno duerme en la calle y hace frío y a veces que una persona se arrime…acá estoy con un ser tan especial que se llama Marcela que nos levanta con cafecito caliente, nos calienta comida…es espectacular, es la propia.


Claudia – 39 años

¿Cómo es formar parte de este Centro de Escucha?

Estamos en la calle y tenemos que integrarnos acá, está bueno.

¿Cuáles son las rutinas?

Hacemos actividades, el otro día hicimos juegos con maderas y la rutina es desayunar con la gente y nos dan una mano para estar bien, limpios, nos higienizamos…

¿Cuánto hace que estás cerca del INVE 16?

Yo me crié en el INVE 16 y nada bueno…al estar en la calle conseguimos de todo…

Pero esto es una puerta para cambiar los hábitos

Ah sí, los más viejos que estamos somos Sergio y yo, hace cuatro años que estamos. Y ellos, la verdad, no tengo palabras para decir, la gente de acá…sin palabras.
Nos respetamos todos como una familia…la gente de acá, no tengo palabras. Rodolfo y Beatriz son como nuestros padres, el apoyo de ellos, los abrazos que nos dan…y más que uno está muy alejado de su familia…de ellos dos y de todos...

Sergio – 34 años

¿Cuánto hace que participas de este Punto de Encuentro?

Hace un año.

¿Cómo podrías contar tu llegada y cómo es hoy tu realidad?

Mi experiencia es así: yo llegué mal, estando en situación de calle con la cabeza muy mal y me dijeron los mismos compañeros de la calle que estaban viniendo, que me arrimara acá, que se hacían actividades, por lo menos distraíamos la mente y no estábamos todo el día pensando en consumir. Y me arrimé, vi que el grupo era muy lindo, se podía conversar, la actividad la hacíamos todos, con alegría…me empecé arrimando un miércoles, después un viernes, después empecé a venir los dos días y gracias a Dios me dieron la posibilidad de poder arreglarme la boca. La posibilidad de ir a anotarme a un trabajo…encarar y que mi familia me vea bien.
Distraer el tiempo con algo bueno, no estás todo el día en la calle tratando de buscar la moneda para consumir droga y cada vez quedar peor.
La verdad que veo que a mí me dio tremenda mano, a amigos míos también los veo bien.
Es una propuesta buena pero hay también hay que tener ganas de salir porque ellos hacen su parte dando la posibilidad de bañarte, darte cosas buenas como conseguirte trabajo, que te higienices y estar limpio que es fundamental ya que en el momento que consumís no te importa nada.
Hay que aprovecharla, yo la aproveché y hoy en día estoy ayudando como me ayudaron a mí.

¿Ganaste amigos, ganaste rutinas?

Claro!! Gané amigos, gané mucha gente que la conoces acá y ves el cambio. Que los ves en la calle y capaz que los veías consumiendo y estaba todo mal, no había onda…pero después venís acá y ves que no es esa persona que estabas viendo, acá se muestra uno como es: sociable, con ganas de ayudar a la otra persona. Tenés que encontrar el ambiente, si te sentís bien vas a sacar lo que sos de verdad. Acá he encontrado gente muy buena: Beatriz la verdad que me dio terrible mano, mismo la alegría que tiene ella como que se te pega, te dan ganas de sentirte así como están ellos…

¿Tu expectativa es poder insertarte laboralmente?

Claro, es salir adelante, del pozo donde estaba, salir de la calle y empezar a valorarme yo en primer lugar y después tengo un hijo…darle importancia a mi hijo y poder ayudar como me ayudaron a mí. Yo tengo 14 años de consumo de pasta base y gracias a Dios no tengo ningún órgano mal, a no ser el problema que tengo en uno de los pulmones…pero son muchos años de estar así y llega un momento que ves que no está bueno…y no quiero que a la generación que viene le pase lo mismo porque viene peor la generación y capaz que van a consumir el doble que nosotros los chiquilines ahora. Y si se puede ayudar a alguien con una palabra, en que te vean a vos, cuando te vieron mal y ahora te ven bien y por lo menos ser un buen ejemplo…y bueno con lo que se pueda ayudar para sacar este tema de la pasta base…la pasta base arruina a la gente. Te mata a vos y mata a los que están alrededor aunque no consuman, solo por estar contigo que sos consumidor…tu madre, tu padre, verte así, yo no me daba cuenta.

¿Este Punto de Encuentro ha sido clave para ese cambio que estás experimentando?

Sí la verdad que sí, fundamental para mi vida. Yo quiero una vida sana y sin consumo. Decidí ahora no fumar ni cigarrillos, voy a dejar todo desde el vamos…el alcohol? Me permito tomarme una copita en un cumpleaños pero no excesivamente como lo hacía…era todo excesivo: dos o tres cajas, veinte porros, todo el vino que se pueda…y dañarse sin pensar bien en todo el daño que te estás haciendo. Sólo para no encarar los problemas que en verdad tenemos que encarar…para mí eso es escapar de la realidad...que al final no escapas…después que se te va todo, tenés el mismo problema sumado al de ahora…
La verdad que Aleros a mí me ayudó impecable y a muchos amigos también y queremos ayudarlos como ellos nos ayudaron a nosotros.

Rodolfo Migdal- Integrante del Programa Aleros

¿Cuál es tu contacto con las personas que llegan al Punto de Encuentro?

La experiencia ha sido multicolor. Cuando llegamos al barrio nos encontramos con que el consumo problemático estaba arraigado en la zona, muy vinculado a una población excluida socialmente con muchas personas en situación de calle o semi-calle que de alguna manera no tenían acceso a ningún tipo de servicios. Población excluida con consumo problemático.
Al inicio y como Programa Aleros nos propusimos construir respuestas locales frente al tema y comenzamos a trabajar con las redes y colocar el tema sobre la mesa.

¿Cómo se llega a cada una de estas personas, es un caminar el barrio?

En realidad también es caminar el barrio pero también hay instituciones y programas que empiezan a arrimar gente con la que trabajan y también entre ellos, en la medida que empiezan a conocer la propuesta empiezan a llegar.
Fundamentalmente tiene que ver con los vínculos que fuimos construyendo porque la propuesta siempre fue de vincular a otros, no de tratamiento directo. Esta es una propuesta que tiene que ver en la medida que seamos varias instituciones junto con vecinos y el barrio que empiece a construir una respuesta local.

¿Se logran hábitos entre quienes concurren?

Eso forma parte de la propuesta. En principio era que ellos tuvieran acceso a algunas cosas a las que no tienen acceso: una ducha, lavar la ropa, comer y empezar a generar algo parecido a vínculos distintos. Ser escuchados, tener un lugar dónde plantear sus problemas y que a la vez esos problemas puedan comenzar a tener un tipo de acción.
La idea es empezar a construir una salida de esa forma de sufrimiento que algunas personas tienen por la vida que desarrollan.

¿Cómo se maneja el tema de las adicciones individuales?

Nosotros reivindicamos este dispositivo como un lugar de tratamiento, entendido como algo mucho más amplio que lo que tiene que ver con el enfoque médico, sanitario o de salud mental que obviamente los incluye. Nosotros pensamos que parte del consumo problemático tiene que ver con la desintegración social, la reducción de la vida de la persona a determinados círculos vinculados al consumo, a la gente que trafica y la falta de acceso a otras posibilidades de vida.

Que exista un lugar donde eso se pueda pensar, se cuestione y donde se puedan adquirir y trabajar otros hábitos y recuperar hábitos perdidos, para nosotros eso ya es reducir riesgos y daños. A eso se suma atención médica, acompañamiento, tramitación de documentos: muchos están sin cédula de identidad y otros nunca la tuvieron.

Es como trabajar en los derechos de ciudadanía que se deben recuperar y reconstruir. En ese proceso las personas se van percibiendo como distintas y conectarse con algo esperanzador en la vida.

Después algunas cuestiones más determinadas que quizá sea donde fallamos, en el tratamiento, que son lugares de internación y lugares donde se pueda tratar específicamente el tema… ahí hay poco construido. Ese es un debe que tenemos.

¿Cuál es el equipo que trabaja en este dispositivo?

Sale un poco movido por el Grupo Aleros que lo integramos una psicóloga y yo que soy psicólogo social, el SOCAT (Servicio de Orientación, Consulta y Articulación Territorial) que articula con las instituciones del barrio pero también es un acuerdo con la RENADRO (Red Nacional de Tratamiento y Atención en Drogas) y a partir de allí surge el Punto de Encuentro.

Hoy en el Punto además de los integrantes de Aleros se han sumado un estudiante de Antropología y de Psicología de la UDELAR, una tallerista para plástica y reciclaje. El equipo no alcanza ya que el trabajo demanda mucho esfuerzo

¿Cuál es el rango de edades de los usuarios del Punto de Encuentro?

Acá llegan personas que están en un promedio de treinta y pico. Las edades van de los veinte y algo hasta los sesenta aproximadamente donde la inmensa mayoría posee un consumo privilegiado de pasta base, algún policonsumo y los mayores, que llegan por alcoholismo, no tienen consumo de otras sustancias.