ante el problema de las drogas
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31/05/12 Juio Calzada

Hay que regular el mercado del alcohol

Entrevista al Secretario Genearal de la Secretería Nacional de Drogas, Julio Calzada, publicada en nota central del semanario Voces en su edición del jueves 31 de mayo.

Por Alfredo García / Fotos: Rodrigo López

Nos hizo madrugar el sábado de mañana para llegar en hora a su casa en el barrio Pueblo Victoria. El motivo de la entrevista era analizar la  Quinta Encuesta Nacional sobre Consumo de Drogas en Hogares, publicada hace unos días. Su trayectoria de trabajo social lo hace conocedor de la realidad de los adictos en Uruguay; y hoy, desde el gobierno, intenta encontrar caminos de solución a esta problemática. De hablar pausado y con muchos datos sobre el tema, nos mostró una realidad mucho más compleja de lo que los titulares de prensa nos informan diariamente. La conclusión primaria es que sin cambio cultural no hay combate posible a las drogas.

¿Estamos avanzando en el tratamiento de la problemática de la droga? En las encuestas que sacaron ustedes, el alcohol es determinante y no son tantos los consumidores de pasta base.

No, es mínimo, es un grupo marginal. Por su parte el alcohol no es un problema nuevo; si bien, hoy tiene características diferentes. Nosotros venimos trabajando desde hace un año en una línea que es regular el mercado del alcohol. Creo que es necesario que el Estado participe en la regulación de otros mercados. Los sectores más de derecha reclaman que “dejemos a los mercados que hagan lo que quieran”,.. siempre y cuando el dólar no esté bajo. Esa es la realidad. Porque ni bien el dólar baja, enseguida aparece la Cámara de Industrias, la Asociación Rural a decir que hay que regular el precio del dólar porque el dólar afecta la competitividad. En el fondo, nadie quiere la libertad total de los mercados. En el campo de sustancias que alteran la conciencia, que tienen un impacto fuerte en la salud pública, el Estado tiene que tener un papel regulador. El alcohol es un producto de consumo no ordinario, no es la leche,  ni los championes, no es una camiseta. Es una mercancía no ordinaria y la tenés que trabajar como tal. Así sucede con otro tipo de sustancias, en particular, el fenómeno de las drogas.

La humanidad ha consumido drogas desde siempre.

Si vamos a estudios serios antropológicos, encontramos en huesos fósiles, que hace ocho o diez mil años que la humanidad consume sustancias por distintos motivos tales como: religiosos, diferentes tipos de trascendencia para poderse relacionar con los dioses, etc. El problema es que en determinado momento, estas sustancias dejan de tener solamente valor de uso y empiezan a tener un valor de cambio, si se mercantilizan. El problema es que tenemos mercancías que son potencialmente peligrosas. Todas las drogas... el tabaco es una mercancía que también produce mucho daño, y también a terceros. Por eso entendemos que hay que regular el mercado del alcohol como se reguló el mercado del tabaco. Esto no afecta las libertades individuales y lo que algunos economistas llaman “el derecho al autodaño”. Este daño es que entre una sensación placentera que puedo tener ahora y un daño a futuro, elijo por tener un placer puntual ahora. Lo reconozco y lo sé. Esto pasa con una serie de sustancias: alcohol, tabaco, etc. Por eso entendemos que hay regular este mercado y eso no significa tener una visión puritana.


No estamos hablando de la ley seca.

No vamos a prohibir ni vamos a decir que está mal tomar o fumar, lo que decimos es que es necesario regularlo.
Regular implica tener una visión de si tener un puesto de venta de alcohol cada 100 habitantes está bien. Para nosotros no está bien.

¿Cuál es el promedio a nivel mundial?

Te puedo decir que en Chile hay uno cada 700 y nosotros tenemos algunos departamentos que tienen uno cada 36. Son departamentos de verano y demás. Un quiosco que fue pensado hace 20 años en cualquier ciudad del interior de nuestro país o acá mismo en Montevideo, para venderle alfajores y caramelos a los chiquilines que van a la escuela, ¿está bien que vendan petacas de whisky y cerveza los sábados de noche. La disponibilidad de la sustancia facilita el consumo. Hay que tener políticas en materia de la percepción de riesgo.

¿Podría explicar un poco ese tema?

Tenemos un problema con el alcohol, la marihuana y la cocaína, porque hay una baja percepción de riesgo de la población que la consume. No tienen claridad de que el consumo puede tener riesgos. Con el alcohol la percepción de riesgo es bajísima, por eso cada vez baja más la edad de inicio y hay suficiente investigación de que consumir alcohol en edades tempranas tiene un impacto muy importante en la vida adulta luego.

Los episodios de intoxicación aguda de alcohol en adolescentes tienen consecuencias muy importantes para su vida futura, entonces hay que evitarlos. En realidad, no es bueno que los adolescentes consuman alcohol.

¿Según la encuesta subió el consumo adolescente?

Hay un aspecto muy importante que nos da esta encuesta, los adolescentes consumen el alcohol por el efecto que les provoca. Hace siete u ocho años, cuando vos preguntabas, te decían: “es para sentirme mejor”, “para estar con mis amigos”, “para encarar a alguna gurisa”. Ahora te contestan que toman “por el efecto”. El alcohol dejó totalmente de ser un alimento, tomar un vino o una cerveza que complementa el sabor cuando estás comiendo.

En algunos casos el alcohol es un lubricante social.

Ahí estaríamos en el campo del consumo responsable. Tomar una o dos copas de vino durante el almuerzo podría ser parte del alimento, porque complementa, ya que tiene azúcar, energía, tanino. Tiene una cantidad de cosas que le hacen bien a la salud. Pero si se toma por el efecto, entonces lo mezclan, por ejemplo: vino con vodka o vino con whisky. En este sentido, ese alcohol tiene el mismo valor simbólico y el mismo uso para el adolescente que fumar marihuana. Nadie fuma marihuana en el marco de un almuerzo para buscar un efecto.

En ese sentido, la sociedad uruguaya obviamente tiene un problema con el alcohol. Tenemos uno de cada tres adolescentes que se intoxica de manera aguda en los últimos 15 días. Este es un problema global de toda la sociedad: tenemos entre 70 u 80.000 adolescentes que están teniendo episodios de intoxicación aguda. Es el clásico coma alcohólico que todos conocemos.

¿Cómo se encara este problema?

Necesitamos herramientas legislativas. Tenemos el problema que la legislación está muy dispersa, está en el Ministerio de Salud Pública, en el INAU, en el Ministerio del Interior y en las intendencias. Necesitamos tener un cuerpo normativo que esté en el algún lugar y que sea el que pueda diseñar un organismo de control que lo haga efectivo. Podemos hacer política barata mandando una ley al Parlamento, se aprueba y después no se aplica. Tenemos que hacer un acto de realismo, para eso tenemos un equipo en la Junta Nacional de Drogas con diferentes personalidades que representan sensibilidades de diversos partidos políticos, de organizaciones sociales con las que estamos trabajando conjuntamente con un equipo técnico en el diseño de los instrumentos más adecuados. Precisamos normativas, legislación, campañas y una educación... sensibilización social en relación a este tema.

¿De cuánta gente alcohólica estamos hablando?

La encuesta da que tenemos 260.000 personas que tienen uso problemático de alcohol o sea que en una sola fiesta se tomó más de cuatro whiskys, más de un litro de vino o más de dos litros de cerveza. Si hablamos de adolescentes, esto es un disparate. El alcohol tiene la diferencia con respecto a otras drogas que la dependencia demora en instalarse en el tiempo. La definición de adicto es que la sustancia comienza a ser el eje de la vida de la persona. Cuando una persona se levanta y lo primero que hace es ir a tomar un vaso de alcohol. Con otras sustancias pasa lo mismo. Un muchacho que consume marihuana y que tiene que consumir todos los días, tiene un problema de adicción porque la sustancia empieza a tener un papel central en su vida. Si no la tiene, empieza a tener problemas. Después, tenemos todos los usos problemáticos. Es decir, el joven que de lunes a jueves no toma, pero entre el jueves y sábado se toma todo. Eso tiene repercusiones, con el tiempo empiezan a aparecer las adiciones y a los 30 años esa persona empieza a tomar sistemáticamente todos los días y cuando llega al entorno de los 50 años, es un adicto. Tenemos entre 25 y 30.000 personas adictas al alcohol y las personas que están en tratamiento son mínimas (6% del total). En cambio, con la pasta base el período de ingreso a la adición es muy fuerte, es en pocos años (o meses) que se hacen adictas; y también en mucho menos años, las personas van al tratamiento. La media de edad para el tratamiento de la pasta base es de 22 años, y la media de edad para el tratamiento del alcohol es de 50 años.

¿Qué pasos hay que dar?

El mercado del alcohol es necesario que lo regulemos, que hagamos campañas de sensibilización, de comunicación social para subir la percepción de riesgo, que las personas sepan que el alcohol es una sustancia que tiene riesgos y no es inocua, no es banal tomar alcohol; segundo, tenemos que unificar el cuerpo normativo; y tercero, tenemos que diseñar mecanismos de control que sean efectivos y eficientes; cuarto: tenemos que tener prestaciones sanitarias para las personas que las necesitan. Hemos venido hablando con los trabajadores, con la industria y pensamos que la industria del alcohol en el país es relevante y no podemos realizar acciones ignorándola. Es cierto que la industria se tiene que dar cuenta de que produce un producto no ordinario, que tiene consecuencias para la salud y tiene que hacerse cargo de eso.

Viendo lo que pasó con el tabaco, hubo bastante poca resistencia al tema de la prohibición. ¿Esa experiencia no demuestra que si a los uruguayos nos explican, cambiamos?

Tenemos una encuesta de opinión pública en la cual el 80% promedio de los uruguayos dice que está de acuerdo con que regulemos el mercado. Planteamos un conjunto de medidas, por ejemplo, si se restringieran los lugares de expendio, y están de acuerdo. Hay una diferencia sustancial entre el tabaco y el alcohol, la prevalencia de vida del tabaco en el 2005 era el 34%. La prevalencia de vida para el alcohol supera el 80% de los uruguayos. Nueve de cada 10 uruguayos ha consumido alcohol una vez en su vida contra 3.5 de cada diez en el caso del tabaco. Lo que tienen en común es que los dos mercados se pueden regular, aunque de manera diferente. Son dos sustancias que tienen aceptaciones sociales diferentes y el tabaco produce un daño inmediato a terceros. En el caso del alcohol, si tomo un vaso de alcohol junto a otras personas, eso no tiene ninguna afectación para ellos.

¿Hacia dónde apuntaría la regulación del alcohol?

Un aspecto sobre el cual estamos trabajando es la facilidad del acceso. Si en esta zona hago una encuesta, tengo más de seis locales que venden alcohol: un quiosco, un bar, un almacén, una panadería que vende alcohol, todos en un área pequeña. No parece sensato y cuanta mayor disponibilidad con los expendidos tenés, más dificultad tenés en hacer los controles.

¿Qué pasa con los delivery de alcohol?

Ese es otro punto que es necesario controlar y regular porque si tenés la prohibición de 0 a 6, y el delivery no tiene hora… Sería necesario controlar los deliverys, pararlos y preguntarles si están llevando alcohol y sacárselo porque no lo pueden vender. Si una persona lleva una botella de alcohol en su auto y va para una fiesta, eso es una cuestión privada, aquí estamos hablando de temas comerciales.

También se regula con impuestos y precios, ¿no?

No siempre es el mejor camino subir los precios o los impuestos, porque puede tener dos consecuencias negativas. Siempre que se hace ingeniería social hay que ser muy cuidadoso del impacto que va a tener lo que vas a hacer y en el alcohol, si te vas demasiado de mambo con los impuestos, aparece el contrabando y baja la calidad. Se empiezan a lanzar productos al mercado de menor calidad que terminan afectando de mayor manera la salud de la población, que al final es el objetivo de cualquier política. La modificación de los contextos de consumo es uno de los aspectos más importantes de todas las políticas en el mundo, incluso más que todo lo que pueden ser campañas de difusión y demás.

¿Cómo es eso?

Modificar los contextos de consumo significa modificar los entornos (familiar, escolar, barrial, comunitario). En alguno de estos entornos, el Estado tiene que marcar la cancha (poner ciertos límites) en otros, es responsabilidad de la familia y la disponibilidad juega un papel fundamental. Los contextos de consumo tienen que ser iguales para todo el país. Si vamos a prohibir en Mercedes que los muchachos tomen en la rambla, también tenemos que prohibir a los que toman entre La Barra y Punta del Este. Necesitamos prohibir que se pueda vender alcohol en las playas, porque son espacios públicos. Tenemos que avanzar en una forma de regulación que dé cuenta de la sociedad del siglo XXI.

El cambio de contexto es difícil.

La modificación de los contextos en todos los temas de droga es lo más difícil y es lo que da más resultado.

Pero quizás lleva más tiempo.

Seguro, hay un estudio que se hizo en 54 países donde se estudiaron todas las políticas comparadas. En todas dio que la modificación de los contextos es lo central, por ejemplo, en un liceo podés hacer todas las campañas de información, de prevención, decirles a los chiquilines que eso les hace mal, pero si la estructura de funcionamiento del centro genera cierto tipo de condiciones, puede favorecer o no el consumo. Eso puede tener que ver con la falta de diálogo, con concepciones autoritarias del manejo del centro -lo cual no quiere decir no ejercer la autoridad o el poder-, pero el límite entre la autoridad y el autoritarismo es un límite que puede ser muy delgado y que puede tener importantes circunstancias. Cuando decimos autoridad decimos favorecer el diálogo, el intercambio de opiniones, contextos amigables y saludables que tienen que ver con aspectos edilicios, pero que sobre todo tienen que ver con aspectos relacionales. Tiene que ver con la forma de resolución de los conflictos que la sociedad se da y eso se llama convivencia.

¿Cómo se resuelve la conflictividad?

Las formas de resolución de los conflictos en el ambiente familiar, educativo, comunitario son fundamentales para resolver los problemas del entorno y acá hay un papel que es fundamental para el alcohol, como para cualquier otra droga, que son los aspectos que tienen que ver con la integración social. Y a esta no la podemos reducir exclusivamente a la inclusión económica porque esta última te incluye en el mercado pero el mercado no te aporta los elementos para que vos disfrutes de todos los bienes culturales. La información aporta, pero no creamos que haciendo campañas por televisión o en los colegios vayamos a obtener los resultados que queremos. Vamos a lograr cambios sustanciales si logramos modificar los contextos sociales.

Es lo más difícil.

Para el alcohol hay un desafío que es un cambio cultural y no es un tema de un período de gobierno. Nos demoraremos quizás unos meses más, pero queremos hacer algo que impacte a las generaciones futuras y que pueda ser seguido por otros que puedan tomar estos elementos con sus matices, pero en el marco de una línea estratégica.

¿Y en lo inmediato, qué se hace?

Estamos trabajando con ASSE, con el Ministerio de Salud Pública, básicamente en lo que es la detección precoz de todos estos muchachos que tienen un uso problemático de alcohol de fines de semana, identificarlos con “intervenciones breves” (son entrevistas motivacionales para que cambien de actitud y de comportamiento, para que dejen de consumir).

¿No hay contradicción con un Estado que tiene el monopolio de la destilación de alcohol?

No el monopolio total, se producen algunas grappas en las bodegas y antes tenía la distribución de todo. Teníamos todo el tema del contrabando y demás. Sin duda tiene un papel muy importante y lo debe de tener. No es un problema moral que el Estado produzca alcohol.

¿No, se contrapone la reducción del consumo y los ingresos que eso produce?

Pero no en el caso del alcohol, el vino no tiene impuesto (IMESI) ni IVA, las cervezas tienen un 22% y los destilados tienen un 42% de IMESI, pero no es lo más sustancial para el Estado. Acá hay que ser muy claros en el sentido de que nada puede estar por encima de la salud pública. Está bien que las empresas quieran tener más utilidades, extender el mercado, es parte del juego del capitalismo, lo que no está bien es que eso sea a expensas de la salud de los ciudadanos.

Recién decía usted que hay poca percepción de daños a nivel de la gente de lo que son la marihuana y la cocaína.

Poca percepción de riesgo.

Incluso mucha gente dice que el tabaco es más dañino que la marihuana.

No es así, cualquier sustancia que se quema… Hay un tema con las vías de acceso, o sea, por dónde ingresa en tu cuerpo la sustancia que te altera la conciencia. Todas las fumadas afectan directamente a los bronquios, en el caso de la pasta y la marihuana, por la forma de consumo, el humo entra caliente. El problema es que en la combustión de la sustancia se liberan una cantidad de gases que no se conocen exactamente qué son. Hay una cantidad de daños que es provocada por la combustión de la sustancia.               En pasta base se está trabajando, hay una investigación muy importante en el Clemente Estable, en medicina nuclear, donde dicen que parte del problema es la vía de acceso porque una cosa son los alcaloides que pueda tener la hoja de coca, que puede tomar una forma en el clorhidrato de cocaína, y otra forma en la pasta base de cocaína, pero la diferencia fundamental entre uno y otro, es la vía de acceso.

¿Qué pasa con los psicofármacos?

Un tema muy preocupante es que el consumo de tranquilizantes, supera el consumo de marihuana y de cocaína y esto acompaña a tendencias que hay en el mundo.

Y estos no se consideran drogas.

No, aparece cuando lo preguntás. Creemos que tenemos que tener una política para eso. Estamos trabajando para, a finales de junio, traer un experto belga que trabaja en la identificación por un método de hisopo (raspaje en la lengua) y sometido a reactivo en la identificación de marihuana, cocaína y medicamentos de este tipo y de otras drogas. De alguna manera hay una política injusta con los usuarios de alcohol. Vos te empastillás, te metés un tranquilizante que te altera totalmente los reflejos, y salís y no pasa nada, pero si te tomás una copita de vino y te da positivo, te sacan la libreta. Y si te fumás un porro y tus reflejos están distorsionados y matás a alguien porque lo atropellás, te hacen la alcoholemia y no te da nada.

Me parece que la percepción de riesgo muchas veces se banaliza.

Ahí tenemos un problema. Se ve en los datos de la encuesta que la baja percepción de riesgo para la marihuana y la cocaína hace que haya crecido la experimentación. Tenemos una más alta experimentación en cocaína y en marihuana de la que teníamos antes, aunque después baja y los consumidores habituales quedan iguales. Lo que tienen que hacer el Estado y la sociedad es trabajar sobre esos factores. No estamos ante una sustancia inocua, no podemos banalizar que su uso tiene problemas. No es tener una actitud moral diciendo que es malo consumir marihuana o cocaína porque está mal alterar los estados de conciencia. Lo que tenemos que decir es que el uso de estas sustancias provoca riesgo. A veces la gente pregunta por qué no hacemos campaña en contra de la pasta base y nos pasamos hablando del alcohol. Porque si agarro a cien uruguayos y les pregunto si les parece que la pasta base es riesgosa, noventa y cinco  me dicen que es altamente riesgosa. Las personas tienen percepciones, en eso no tengo que invertir en campañas, tengo que hacer otras cosas.

¿Qué hay de cierto en que la legalización de la marihuana puede disminuir el tema de la pasta base?

La pasta base llegó al Uruguay a principios del año 2000 por un conjunto de factores entre ellos, y básicamente, el Plan Colombia, que operó sobre las zonas de producción y desplazó la producción del norte de América del Sur al sur, y ahí empezó a haber una amplia disponibilidad de pasta base en el sur.

¿Hay que legalizar la marihuana?

Soy partidario de la regulación del mercado de la marihuana, porque cuando se habla de legalización y no se lo dice con la suficiente claridad, a la población le puede quedar la impresión de que estamos diciendo que se va a vender marihuana en el quiosco como se venden los cigarrillos y que va a haber propaganda en la tele diciendo: “Consuma marihuana Light” o “Consuma marihuana punto rojo”. No. Pensamos la posesión de determinada cantidad de gramos y de plantas, es un mecanismo que contribuye a separar el mercado de la pasta base del mercado de la marihuana, que ahí es donde hay un problema. Sobre esto hay suficiente evidencia de las políticas comparadas en Estados Unidos, Australia, Holanda.

¿Holanda es la meca?

En Holanda ahora hay un gobierno un poco más conservador y está limitando el uso de la marihuana para extranjeros pero nunca para los holandeses. Es una política que es del año 77 y que los holandeses -que para mí son una de las culturas más pragmáticas que hay en el mundo-, identificaron muy tempranamente que tenían un problema con la mezcla del mercado de la heroína y el mercado de la marihuana, y, en el año 77, inventaron este fenómeno de los coffee shop y fueron el país europeo que tuvo menos problemas con la crisis del SIDA. Lo fundamental de estas políticas ha sido separar estos mercados. En el Uruguay, si regulamos la posesión para uso personal, se puede contribuir a regular los mercados de otras sustancias. La gente no va a ir a buscar marihuana a una boca y le van a ofrecer pasta base, porque se va a autoabastecer. Igual tenemos que avanzar y discutir mucho. Hay experiencias en el año 85 de mercados regulados por autocultivo en Australia. Tenemos que ir a estudiar esas experiencias a ver cómo han funcionado -todavía se mantienen, así que por algo las mantienen- y dar cuenta de ello.

El autocultivo puede ser una forma de combatir el mercado negro.

Claro. La regulación de los mercados tal cual se ha hecho en Australia u Holanda, o Estados Unidos donde se ha habilitado cierta forma de producción y demás, está pensada para eso.

Todo el mundo sabe dónde están las bocas de pasta base, y no se cierran. ¿No es necesaria una represión más fuerte?

Es una fantasía que las bocas no se cierran. Las bocas se cierran, el problema es que se abren en otros lados. Siempre se pueden hacer las cosas mejor. Se está trabajando en algunos aspectos bien y en otros hay que corregir. En el mercado de pasta base, hay una demanda que proviene de los sectores más desfavorecidos que han tenido mayores dificultades en el desarrollo de habilidades, competencia psicosocial. Son sectores que no disfrutan de los bienes de la sociedad y que lo que medianamente pueden llegar a disfrutar en algún momento es de algunos productos del mercado. En esto es importante ver que tenemos una demanda y una oferta. A esa oferta se le controla el ingreso de grandes cantidades en un trabajo muy importante de la Brigada de Narcóticos trabajando sobre los proveedores en mayor volumen. Acá no podemos hablar de cárteles, sino que hay algunos grupos familiares que pueden llegar a proveer mayores cantidades al mercado, pero en ningún caso estamos hablando de grandes organizaciones criminales que manejen cientos de millones de dólares. Ahí hay un trabajo muy importante, y después está en el control de las bocas.

¿Cómo se controlan?

El problema está en que las bocas se cierran y han derivado en esta dinámica: entrás, intervenís, detenés a las personas, encontrás los suficientes elementos de prueba para comprobar que son distribuidores de pasta base. Es decir, encontrás la sustancia, balanzas, dinero en cambio chico, armas, un conjunto de elementos que configuran la prueba y te llevás a quien se inculpa, al jefe de familia, el varón de más edad. La dinámica es que esa familia tiene que seguir viviendo de algo, entonces están en el marco de una nueva visión cultural donde no es relevante el trabajo y  abren la boca con la madre. Vuelven a instalar la boca. Se vuelve a operar sobre eso y se llevan a la mujer y muchas veces eso a los 15 o 20 días se vuelve a instalar y se llevan a la abuela. Esa es la realidad, hay abuelas procesadas con 70 años que son las jefas de la boca en ese momento. Después se llevan a los más chicos, entonces es un impacto social muy fuerte. Eso sucede porque tiene una lógica de mercado, lo cual no significa que hay que resignarse. Hay que realizar controles, mantener firmeza en la represión de esta sustancia y hay que ser creativo y diseñar alternativas para que estas personas se dediquen a otra cosa.

¿Sacan tanta plata?

Todo esto tiene una perversidad porque ¿cuánto puede llegar a sacar por mes una boca?… más o menos entre  30.000 o 40.000 pesos. Cuando tenés a esa gente presa, tenés que garantizarles una cantidad de cosas como comida, seguridad, entonces se vuelve un círculo muy perverso. Sin dudas que hay un fenómeno cultural que es la idea de “la plata fácil”. A ellos les vale el riesgo de no salir a trabajar por 10.000 pesos, si pueden hacer 30.000 haciendo esto, aunque tienen el riesgo. Pero el fenómeno de las bocas está cambiando.

¿En qué?

En que ahora la distribución es más móvil, es una suerte de delivery. La gente va, camina y vende en la calle. Salen con pequeñas cantidades, por eso también a los elementos de control como la policía, les cuesta identificar bocas donde llegues y te encuentres con un quilo de pasta base para distribuir. Hay una fragmentación y una dinámica del mercado que tiene una lógica que se hace más difícil combatirla. Cada vez más eso se acelera y muchas veces detenés a una persona pero le encontrás cinco lágrimas y la mayoría de estos usuarios lo que hacen es transportar eso con la perspectiva de hacer la diferencia para tener su propio consumo.

En la encuesta se habló de éxtasis en determinadas zonas… eran como dos mundos.

Está totalmente segmentado residencialmente el tipo de consumo. En los sectores donde hay más exclusión y pobreza, como Casavalle, la línea de 8 de Octubre hacia Pando, la zona de Cuchilla Grande, la zona de mayor pobreza económica, con mayor dificultad de inclusión social, es donde tenemos los mayores índices de prevalencia, más altos del consumo de pasta.

Hay un reclamo social del cierre de las bocas porque generan violencia, robos, pero no hay un reclamo social por los boliches que venden droga.

Ha cambiado. Hace unos 20 años en algunos boliches se vendía.

Los tipos bailando con botellitas de agua te dan una pauta muy específica de los locales.

Sí, pero la forma de distribución en el mercado se adapta muy rápidamente, y hoy tenemos el problema de la pasta base. Un dato de contexto: si nos fijamos y empezamos a hacer el eje central en las sustancias, el Observatorio Europeo de Drogas identificó, en el año 2011, 49 sustancias nuevas que son casi todas drogas de síntesis. Muchas anfetaminas y metanfetaminas, productos que son armados químicamente y que se pueden hacer en la cocina de una casa. Ese es el desafío que tenemos a futuro. Las anfetaminas y las metanfetaminas generan situaciones parecidas a las de la pasta base con deterioros muy fuertes. Son sustancias energizantes que se hacen a partir de derivados que tienen muchos medicamentos en la industria. Las limitaciones que recientemente hubo de la efedrina y la seudoefedrina tienen que ver con que determinados tipos de medicamentos para la gripe sean ahora de uso controlado, porque agarrás una licuadora y desarmás los productos y los mezclás con otros productos legales en el mercado para estirarlos, y tenés nuevas drogas en forma de pastillas, y se empiezan a distribuir así. Sobre eso también estamos trabajando desde la Secretaría Nacional de Drogas, conjuntamente con otros organismos del Estado (el Ministerio del Interior, el de Salud Pública, con la Facultad de Química), para tener mayor conocimiento y avanzar lo más posible en la regulación y el control de estas sustancias.

Se dice que no se puede legalizar la marihuana porque seríamos un centro de consumo de toda la región.

Hay mecanismos para regularlo.

¿Dónde se pide la licencia para tener un coffee shop de esos en Uruguay?

Holanda lo está discutiendo ahora, pero hace más de treinta  años que tiene estas políticas. Sin duda alguna que le genera problemas con la gente de afuera que va, pero no se desestabiliza como país. Lo que ahora va a hacer es regularlo, es decir que tenés que estar registrado, tenés que tener una patente de uso para poder comprar y vas con ese carnet y podés comprar, si sos holandés. Acá no se está trabajando sobre la idea del coffee shop sino que se está trabajando sobre la idea del autocultivo.

¿Vendrán extranjeros a plantar?

El riesgo sería que se vinieran muchos argentinos o brasileros a comprarse un apartamento en Montevideo para vivir con sus plantitas, porque no estás hablando de generar una plantación de diez hectáreas. La idea central es el autocultivo para consumo personal. En la reglamentación se tendrá que ver la cantidad de plantas que se consideran de consumo normal. Hay propuestas que hablan de ocho y otras que empezaron con ocho y después bajaron porque esto está muy vinculado a la concentración de THC  (Tetra Hidro Cannabinol) que tiene el producto. Ha variado sustancialmente por manipulación genética la cantidad de THC de los productos en algunos lugares sobre todo en el norte. En Holanda se planta dentro de los departamentos con lámparas, se ha desarrollado marihuana hidropónica o que ha sido manipulada genéticamente y tiene una concentración de THC diez veces superior a la otra; entonces no se precisan tantas plantas o si consumís la misma cantidad, tenés un efecto diez veces superior, con lo cual tenés muchos riesgos también. Es necesario trabajar en los modelos de regulación. El modelo de regulación del alcohol es un modelo complejo, el modelo de regulación de la marihuana va a ser más complejo aún. No obstante lo cual, soy partidario de que hay que avanzar en este sentido.

PERFIL

Nació en Dolores, Soriano, hace 56 años, y vivió allí hasta 1966. Su padre era empleado de UTE y a su muerte, la familia se mudó a Montevideo. Ingresa a la militancia política en secundaria, en el Fer 68. Hizo preparatorios de Agronomía y en el 74 se fue a Argentina por un par de años. Volvió a Uruguay y se mantuvo en el “inxilio”, sin poder estudiar por causa de la dictadura. Trabajó en la Asociación Cristiana de Jóvenes y en varias ONG. Fue fundador de El Abrojo, con Fernando Toja y Alba Antúnez, entre otros. En 1985 vuelve a estudiar y se recibe de sociólogo. Se integró al MLN, donde permanece hasta 1988. En la actualidad integra Compromiso Frenteamplista. Tiene tres hijos, de 15, 14 y 13 años. Hincha de Peñarol, vive en el barrio Pueblo Victoria, situado entre La Teja y Paso Molino.

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